Más impuestos espantan las inversiones
viernes, 23 de octubre de 2026
Hay que empezar a hablar sobre ingredientes que tendría la receta que eventualmente puede recomendarle el FMI al gobierno: se necesitan más impuestos, pero ¿quiénes los pagarán?
Editorial
La era de la IA o “superinteligencia” está a la vuelta de la esquina en todos los sectores
Todos los días hay noticias sobre ataques, reacciones, avances y aplicaciones de la superinteligencia en distintos sectores económicos, como la banca, las plataformas tecnológicas y la seguridad en general; es solo la nueva realidad con la que tendrán que lidiar los líderes empresariales, en un cambio de época en el que la IA construye otra era, que se irá posicionando en todas las actividades productivas y generando una revolución industrial sin precedentes.
Las elecciones en Estados Unidos suelen incluir componentes tributarios que pasan desapercibidos para la gran mayoría de los votantes. Un ejemplo de esto ha sido el debate en el estado de California sobre la implementación de nuevos tributos a las grandes fortunas, una medida que afecta a menos de 1% de la población, pero que impacta al núcleo de la primera economía del mundo. Aunque este tipo de impuestos a la riqueza ha sido debatido en escenarios internacionales como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (Ocde), su propuesta de aplicación local ha encendido las alarmas en el sector corporativo.
Las reacciones de las multinacionales tecnológicas, que históricamente encontraron en California un ecosistema de prosperidad, no se han hecho esperar. Conglomerados como Meta -matriz de Facebook, Instagram y WhatsApp- han advertido sobre la posibilidad de trasladar sus domicilios fiscales ante la densa carga impositiva que amenazaría a centenares de fondos de inversión y empresas consolidadas. Este fenómeno demuestra que, ante un panorama de incertidumbre tributaria, los capitales tienden a buscar destinos que ofrezcan mayor seguridad jurídica. Una dinámica similar se ha observado en mercados emergentes como el colombiano.
Históricamente, la inestabilidad fiscal y medidas como el impuesto estructural al patrimonio han generado temor a una estampida de capitales, al ser percibidas por diversos sectores como cargas expropiatorias a largo plazo. La falta de un compromiso riguroso con la regla fiscal y las proyecciones del Marco Fiscal de Mediano Plazo por parte de administraciones anteriores ha debilitado la credibilidad macroeconómica del país, forzando en ocasiones la intervención de organismos como el Fondo Monetario Internacional (FMI).
El riesgo de estas recetas de austeridad y ajuste radica en que suelen prescribir aumentos impositivos al sector corporativo, castigando la eficiencia de los contribuyentes de mayores ingresos. No se puede castigar el éxito ni el progreso si simultáneamente se pretende estimular la inversión privada. Consecuencias directas como la fuga de capitales, la contracción de la innovación, el impacto negativo en el empleo formal y las complejidades técnicas para definir el hecho generador en los llamados impuestos a los “megarricos” son variables críticas que las autoridades fiscales no pueden ignorar.
En un entorno económico global interconectado, las administraciones tributarias deben tomar decisiones estratégicas que protejan el empleo y fomenten la inversión. A nivel local, el gobierno anterior se encargó de sembrar desconfianza hacia el sector productivo, calificando la actividad empresarial como un elemento contrapuesto al estatismo y omitiendo planes de recuperación en los que las empresas jugaran un papel protagónico.
Tras la derrota de esa postura en las urnas, el país experimenta un nuevo aire para los negocios; sin embargo, este optimismo requiere consolidarse mediante un marco tributario fundamentado en la seguridad jurídica. De lo contrario, políticas impositivas como las debatidas en Estados Unidos corren el riesgo de ser calcadas en economías emergentes, provocando graves perjuicios para el empleo. Por ello, resulta indispensable empezar a discutir los potenciales ingredientes de las recetas del FMI. El objetivo debe ser evaluar qué acciones se adaptan al entorno empresarial colombiano y cuáles no, comprendiendo que los modelos fiscales que han funcionado en el exterior no necesariamente se ajustan a las necesidades actuales de formalización y tributación del país.