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Más que anular embajadas, cuál es la estrategia

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El nuevo Gobierno Nacional debe afinar su estrategia de cancelar embajadas sin sentido, Colombia debe tener una estrategia comercial y política que le dé una hoja de ruta

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Diario La República · Más que anular embajadas, cuál es la estrategia

El gobierno electo, en cabeza del presidente Abelardo de la Espriella, anunció que cancelará las misiones diplomáticas en 14 países, así como un número idéntico de consulados. Este anuncio concuerda con lo prometido durante la campaña y con la necesidad de ahorrar importantes recursos públicos en un momento de grave crisis por el déficit fiscal, el cual seguramente llegará a 6%, uno de los más altos en la historia reciente.

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Hasta ahora, había llamado la atención que De la Espriella se mostrara tímido en la reducción de ministerios, agencias y otras entidades de baja ejecución, altos presupuestos y abundante burocracia. Si bien aún es prematuro, ya que la fusión de los ministerios de Deporte y Cultura -con presupuestos cercanos a los $2 billones y más de mil funcionarios- no se concretó en la instalación del primer año de gobierno, es factible que las dos ministras electas se unan para proponerle al presidente gestiones conjuntas enfocadas en la promesa de ahorro en el gasto público, eficiencia fiscal y reducción de la burocracia. Sin lugar a dudas, el cierre de las representaciones diplomáticas de Colombia en Azerbaiyán, Ghana, Etiopía, Senegal, Argelia, Chequia y Hungría es una decisión acertada, pues en esos mercados no se venden más de US$80 millones; es decir, los representantes comerciales del país nunca cumplieron la tarea de abrir mercados.

Sin embargo, en ese mismo paquete se incluyeron naciones con un alto potencial comercial como Malasia, Sudáfrica y, quizá, Rumanía, a las que se les debió dar otra oportunidad. Al analizar cada uno de estos casos, resulta evidente que es un error carecer de un discurso comercial o geopolítico en torno a dichas embajadas. Malasia no es solo un “tigre asiático” y uno de los milagros económicos del mundo, sino que es estratégica en la cuenca del Pacífico, por donde se mueve una buena parte del comercio mundial. Lo de Sudáfrica no es menor: para cualquier internacionalista o experto en comercio exterior, es el país más parecido a Colombia en casi todos los sentidos, además de un gran aliado a la hora de pensar en negocios dentro del continente africano. No en vano forma parte del grupo de los Brics, al lado de China, Brasil, India y Rusia; es una embajada que ha sido cerrada, pero que la presión de los hechos internacionales seguramente obligará a reabrir en pocos años.

Cuba y Nicaragua, muy a pesar de que son compradores de productos colombianos, sí merecen un capítulo aparte. Sus regímenes políticos le han hecho mucho daño a Colombia a través del tiempo, al albergar delincuentes y tratar de desestabilizar al país. Casos distintos son los de Haití y Barbados, miembros del Caricom, que bien podrían ser atendidos desde una embajada concurrente que agrupe a las naciones del Caribe. Estas últimas, dicho sea de paso, constituyen un mercado que muy pocos empresarios colombianos aprovechan, a pesar del gran potencial que revela su ingreso per cápita promedio alcanzado en las últimas décadas.

Entidades como ProColombia, de la mano del Ministerio de Relaciones Exteriores y Comercio, deberían presentarle al país, antes de que termine el año, una hoja de ruta donde se consigne el propósito nacional en función de las exportaciones y, por supuesto, la estrategia diplomática ante el mundo. Pareciera -y es entendible- que aún no hay una narrativa elaborada sobre la posición frente a los mercados emergentes, las islas del Caribe y la Unión Europea.

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