México, en peligro de girar a la izquierda

López Obrador, líder del Movimiento Regenera-ción, Morena, y candidato por tercera vez, se cierne como una amenaza a la economía

EditorialLR

A finales del año pasado, analistas de Standard & Poor’s alertaron a la economía regional sobre las consecuencias económicas de la eventual llegada a la presidencia del gobierno mexicano del líder populista, Andrés Manuel López Obrador, un curtido político de izquierda que ha intentado en tres ocasiones hacerse con el poder en una de las dos principales economías de América Latina. Las elecciones serán mañana y, desde ya, las alarmas están encendidas pues el polémico líder político mexicano ocupa los primeros lugares en las encuestas y en todos los debates mediáticos de los candidatos ha salido vencedor. Todo parece indicar que la afluencia de votantes a las urnas batirá todos los récords históricos, dado que está en juego no solo un cambio radical del modelo económico en un Estado federal, sino en donde el gobierno es el mayor empleador de una nación que ha vuelto por los aires “patrioteros” fruto de los permanentes roces diplomáticos y comerciales con Estados Unidos, una situación que no ocurría desde hace más de un siglo.

Las propuestas de López Obrador son claramente de izquierda. Por ejemplo, ha hablado de suprimir fueros y privilegios: “bajaremos los sueldos de los de arriba, empezando por el del Presidente de la República, y aumentaremos las percepciones de los de abajo. Maestros, enfermeras, médicos, policías, soldados y otros servidores públicos de los niveles salariales inferiores verán incrementados sus ingresos”. Ha dicho en la misma línea que fijará precios de garantía para los productos agrícolas, producir fertilizantes y distribuirlos a precios bajos. Promoverá la siembra de un millón de hectáreas de árboles frutales y maderables. Todo bajo la promesa de que su “propósito es que el país sea autosuficiente en maíz, frijol, arroz, trigo, sorgo, leche, carne de res y de cerdo, pollo, huevo y pescado. En pocas palabras, vamos a producir en México los alimentos que consumimos”.

El candidato le está diciendo a los mexicanos lo que quieren oír sin que nadie le ponga números o cuantifique sus promesas, como la de hacer que haya internet gratuitos en todas las carreteras, hospitales, escuelas, plazas públicas y edificios e instalaciones gubernamentales. Pero lo más polémico y desafiante para su vecino del norte es que pretende crear una zona franca o libre a lo largo de los 3.180 kilómetros de frontera con Estados Unidos; una promesa desafiante cuando la propuesta del presidente Trump es construir un muro que ayude a proteger la frontera. Como todos los candidatos populistas, las palabras son fáciles, pero los números no se ven por ningún lado. Es más, hay profundas contradicciones en las fuentes de sus ingresos. Promete que no habrá aumento de impuestos en términos reales. No va a haber una reforma fiscal; no va a aumentar el IVA; no va a aumentar el impuesto sobre la renta, “vamos a mantener en términos reales los mismos impuestos, las mismas contribuciones. No se van a crear impuestos nuevos”. Pero en contravía se prometen cientos de nuevos beneficios sin justificar de dónde saldrá el dinero para pagarlos.

Lo más populista es que revisará los contratos de licitaciones petroleras y suspenderá las rondas para nuevos negocios con la teoría de que en tres años dejará de importar gasolina y para ello dejará de vender petróleo al extranjero. Toda una locura de modelo que puede precipitar una verdadera ruptura en la región.

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