Nadie escucha la Comisión del Gasto

El modus operandi es el mismo: cada vez que surge un problema en el Ejecutivo se arma una comisión, una misión o un comité de expertos al que nadie oye

EditorialLR

La llamada Comisión del Gasto es una más de las muchas misiones, comités consultivos, consejeros, asesores y demás rótulos rimbombantes que les ponen a grupos selectos de expertos que convocan los gobierno locales, regionales y nacionales para que ayuden con su conocimiento, experiencia y sabiduría en la solución de problemas estructurales que los funcionarios de carrera no logran evacuar. Hubo una Misión Rural, una Comisión de Expertos Tributarios y hasta una Mesa de Sabios, esto sin olvidar la Comisión del Gasto que hoy nos ocupa, que dicho sea de paso se convoca para hablar de ahorro ¡Nada más contradictorio que un comité de gasto para hablar de ahorro del Estado!

Todo arrancó cuando surgió la idea de que para cumplir la regla fiscal -el Marco Fiscal de Mediano Plazo- se debería hacer una reducción del gasto en los próximos años, sin que esta tarea comprometiera el desarrollo. Es decir, no es ahorro por ahorro, pues un país como Colombia requiere una fuerte inversión estatal para desatrasar la infraestructura y sacar a millones de la pobreza.

La Comisión del Gasto ya le habló al Gobierno Nacional saliente y poco caso ha hecho, no es sino mirar las docenas de agencias que se han creado, algunas pisando las mangueras de otras, con centenares de puestos burocráticos que nada aportan. Lo primero que aconseja un nuevo informe de la Comisión del Gasto es que “si no se hace en un contexto de mejoras de eficiencia, una contracción tan fuerte del gasto puede comprometer el crecimiento y las condiciones de la población más vulnerable”, es un poco lo que debe ser la esencia del ahorro: no se puede recortar en lo fundamental como es la infraestructura, educación y seguridad.

Es un imperativo que los candidatos conozcan este informe para que se comprometan. Muchas de las recomendaciones involucran cambios institucionales, cuya implementación puede tomar varios años. Por ejemplo, se habla de cómo construir los presupuestos para los próximos años, o qué bases tener en cuenta. Se recomienda un presupuesto por programas y adoptar un sistema de clasificadores moderno en todos los niveles de gobierno y etapas del presupuesto; unificar el proceso presupuestal de funcionamiento e inversión en una sola entidad; evaluar y racionalizar en tiempo perentorio las rentas de destinación específica y demás gastos inflexibles; recuperar el papel estratégico del Plan de Desarrollo; crear un consejo fiscal consultivo, técnico e independiente; introducir flexibilidad para que los ejecutores puedan reasignar partidas dentro de su presupuesto; establecer por ley límites normativos al monto de vigencias futuras; reformar el Sistema General de Regalías para reducir inflexibilidades y permitir la integración con los recursos de inversión de la Nación.

Para mejorar el empleo en el Gobierno se recomienda: implementar un sistema integrado de información del empleo público; modificar la estructura institucional del sistema de administración pública; estrechar vínculos entre remuneración y el rendimiento y reconocer que el Estado necesita diferentes formas de vinculación laboral. La otra esfera es el sistema de compras donde piden simplificar y estandarizar las normas en materia de contratación al tiempo que aplicar el principio de competencia como regla general y definir lo que se puede hacer por contratación directa.

Lo malo de este ejercicio es que nadie le pone atención y pasará a engrosar los anaqueles que deja el Gobierno.

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