No bote su voto

La teoría del voto útil está más vigente que nunca, las actuales condiciones que vive el país político, obligan a desmontar los aires de polarización.

EditorialLR

Quizá no exista expresión más raída para estos momentos electorales -a solo 24 horas de elegir un nuevo Congreso- que “no bote su voto”. Un juego de palabras cacofónicas que dicen mucho del compromiso que deben tener los ciudadanos con el futuro del país. El título de este editorial ha sido usado por cientos de columnistas desde hace varias décadas y plasmado en docenas de grafitis a lo largo y ancho de toda Colombia, pues tiene en sí mismo una carga editorial que se presta para muchas lecturas e interpretaciones. La primera y más básica es la que sobrentiende que “no botar su voto” quiere decir que no tirara la basura ese derecho cívico y democrático, votando siempre por los mismos legisladores que no han solucionado los problemas crónicos del país.
La segunda expresión obedece a una lectura subyacente del voto útil: “no bote su voto”, señalando en el tarjetón a alguien que ganará sobrado la curul o por alguien que definitivamente no entrará al nuevo Congreso. Uno por exceso y el otro por defecto.

Las dos caras de una misma moneda: la primera que también puede dar a entender un llamado a no votar o votar en blanco, y la segunda, a votar por alguien que juegue un papel dentro de un plan superior, una suerte de que el bien individual debe sacrificarse en función del bien comunitario. Quizá, este segundo camino sea el más adecuado en este momento para Colombia. ¿Por qué razón? Pensemos por un momento que viviésemos en Venezuela y que el régimen bolivariano, en cabeza de Nicolás Maduro, citara a elecciones -tal como lo ha hecho- para reelegirse inevitablemente. En un contexto como el anterior, se entendería que “no bote su voto” consiste en no salir a participar en las elecciones porque el resultado legitimará el régimen. Pero la Colombia de hoy no es como Venezuela, y la segunda lectura del raído titular de este editorial, debe interpretarse como vote por quien conforme un equipo o bloque fuerte, que represente un modelo económico de progreso empresarial; que proteja la propiedad privada; que nos haga más competitivos a nivel global; que se apoye y defienda el libre mercado; que genere empleos formales y que entienda que un Estado mínimo es mucho más eficiente que un Gobierno que destina billones en gastos administrativos.

Por estos días de agitado frenesí político y de crisis de los partidos tradicionales, es fundamental tener bien claros los principios que defienden a las instituciones y no a los funcionarios de turno, pero que sobre todo no se caiga en los caudillismos ni se profundice en los aires populistas que siembran mentiras en cada palabra y en cada cifra. El gran problema de estos días es que el populismo que le dice a la gente lo que quiere oír para construir su poder absoluto, está en boga, generando profundas zanjas o brechas entre las mal llamadas clases sociales bajas que no tienen privilegios económicos o políticos, sembrando miedos y odios que nos llevan a una confrontación sin fin.

El voto es el acto supremo de la democracia y es un derecho bien adquirido por los colombianos, el futuro se pinta incierto, pero guardamos la esperanza de que la gente saldrá masivamente a votar por quienes no se muestren como redentores, sino por personas probas y formadas cuyo papel será contribuir a formar un país mejor con bienestar y desarrollo.

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