No es quitar ceros, es cambiar el modelo

Venezuela está en picada y la estampida de su gente así lo muestra, mientras el Gobierno trata de maquillar las cosas y dispersas las culpas

EditorialLR

¡Pobre Venezuela y su gente! Mientras el gobierno de Nicolás Maduro se aferra a medidas económicas desesperadas, la diáspora de su gente se cuenta por millones, convirtiéndose en el primer gran problema de desplazamiento causado por un modelo económico fallido en el continente. Al final de la semana pasada las autoridades económicas del vecino país anunciaron un nuevo plan de choque para estabilizar sus cuentas nacionales basado en devaluar el Bolívar en casi 96%; inventar un Bolívar Soberano; en controlar los precios de los productos básicos y seguir estimulando una raquítica producción nacional con millonarios subsidios que siempre terminan en cuentas personales de sus generales en el exterior. Todas acciones marcadas por un desespero público y una incompetencia gubernamental que está asfixiando a millones de personas, obligándolas a salir en masa por sus fronteras, situación que ha obligado a los países del hemisferio a declarar la situación como una emergencia sin precedentes y de inmediata solución.

Lo que no acepta la terquedad, arrogancia o incompetencia del actual gobierno venezolano, es que no es cuestión de quitarle tres, cuatro o cinco ceros al Bolívar de turno, sino que todo obedece al rotundo fracaso del modelo económico impuesto desde las primeras luces de este siglo por el fallecido Hugo Chávez, quien montó y exportó el cuento del “socialismo del siglo XXI”, que nunca llegó a buen puerto, pues estaba montado sobre la base de millonarios subsidios financiados por los buenos precios del petróleo de la época y por el respaldo a un populismo floreciente en esos años, que aún no había demostrado su incapacidad para llevar las riendas de un país, ni mucho menos para satisfacer las necesidades básicas de sus pueblos. Casi dos décadas después, el Brasil de Lula; la Argentina de los Kirchner; el Ecuador de Correa; la Nicaragua de Ortega y la Bolivia de Evo, han visto naufragar sus modelos políticos y económicos, tal como lo hace en este momento la Venezuela de Maduro, que no solo ha llevado al país a ser un estado fallido por la manipulación de la democracia, sino por generar un caos social en todas las fronteras. El proceso que vivieron, viven o vivirán todos esos países es el mismo: un rechazo al modelo económico de libre mercado, de seguridad a los inversionistas, de respeto a la propiedad privada y sobretodo de reelecciones indefinidas para cambiar las constituciones al antojo de los gobernantes. Ese cóctel hizo que la inversión se fuera, seguida por la salida de los mejores profesionales, lo que a la postre se convierte en la destrucción de la estructura económica e intelectual.

No es cuestión de quitarle ceros a la moneda vigente para generar una percepción de paridad inexistente; se trata de combatir los verdaderos problemas que ocasionaron el fracaso del modelo económico, tal como es la destrucción del sistema productivo, la devaluación para financiar la emisión de dinero y la persecución a ultranza de los empresarios que pagan impuestos y generan empleos formales. El “socialismo del siglo XXI” fracasa cuando le quita al rico o exitoso para repartirles a los pobres o fracasados; acción sin justificación ética en la que radicó el fracaso del modelo comunista en los países que cayeron en esa trampa en el siglo pasado. Las cosas en Venezuela no mejorarán mientras sus gobernantes no den muestras de que verdaderamente quieren sacar el pueblo de la pobreza en la que ellos mismos la sumieron.

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