No es un pendejo quien compre su casa
sábado, 28 de marzo de 2026
El presidente Petro encendió un debate sobre el acceso a vivienda, en un Consejo de Ministros en el que sin sonrojo dijo que es “pendejo el que compre una casa hoy”, nada más polémico
Editorial
El presidente, Gustavo Petro, dijo en su último Consejo de Ministros que “pendejo el que compre una casa hoy”, una polémica afirmación que va contracorriente de las ideas globales para hacer progresar un país o sacar de las precariedades a una sociedad. Se puede afirmar que la primera de las necesidades básicas insatisfechas que busca mejorar una persona es la vivienda: la simple seguridad de tener algo propio donde refugiarse o amparar a su familia.
Una vivienda propia es la piedra angular de la estabilidad financiera de las personas y las familias, y bajo ningún argumento se puede afirmar que es un pendejo quien compre casa, muy a pesar de la inflación, las tasas de interés o la incertidumbre que genera la inseguridad, campeante en el país. Una casa -en cualquier rincón del mundo- les proporciona a las personas un espacio permanente que genera confianza y seguridad, puntales desde donde se pueden establecer rutinas laborales y relaciones sociales.
El Presidente evapora la percepción de sentido de pertenencia que proporciona una casa, que no es menos que el espacio físico vital: la zona segura, el entorno, el barrio, el pueblo o la ciudad. Por todo eso, es reprochable que se califique el sueño de una familia de “pendejo” porque las tasas están altas, porque no hay subsidios o porque existe una ausencia total de políticas públicas de vivienda.
Cada año surgen en Colombia medio millón de nuevas familias, jóvenes emancipados de sus hogares que quieren tener un espacio vital. No atender esa demanda creciente de vivienda, y menos aún no alertarse sobre los desistimientos, es pura miopía e ideologización de una necesidad básica insatisfecha. El pronunciamiento lo hizo al oído del Ministerio de Vivienda, mientras le pedía acelerar la construcción de nuevas viviendas, incluso planteando el uso del batallón de ingenieros del Ejército: “¿para qué sirve el batallón de ingenieros si no es para hacer viviendas? Nada que salimos de Camacol y Camacol… pidiendo subsidios”.
No es el gremio de constructores el que pide y necesita los subsidios para que los colombianos tengan casas a precios accesibles; es entender la construcción como el mayor motor de la economía por simple encadenamiento de sectores: negocios con terrenos, arquitectos, ingenieros, oficiales de obra, obreros, comerciales, bancos, transporte, electrodomésticos, muebles, accesorios. Todo lo que genera una sola casa para la economía es casi incuantificable. Pero si solo se ve a los constructores como pedigüeños de subsidios que se transfieren a las casas, se trata de una miopía histórica como gobernante.
Es, incluso, cruel decir que es un pendejo quien compra casa. Se olvida que casi toda la cotidianidad de la vida de las personas ocurre en su vivienda: es el lugar de la estabilidad, de los sueños; es el cuartel general desde donde se proyecta la vida y, más aún, el sitio seguro del trabajo en casa que domina la vida moderna. No se puede engañar a las familias con el cuento de las tasas altas y sus responsables, pues es bien sabido que están ligadas a la inflación, que al Gobierno no le ha importado. No se puede olvidar que decretó un incremento del salario mínimo de 23%, cifra que no ha permitido que el IPC baje de 5%. El Banco de la República ha demostrado que el alza del mínimo es el principal causante de que el costo de vida sea alto y de que las tasas no puedan bajarse más.