Editorial

¡No más canibalismo contra el metro!

Se ha dado un gran paso al escoger el consorcio que construirá el metro, ahora hay que firmar los contratos y empezar la gran obra que debe lograr unir por primera vez a los bogotanos

Editorial

Muchos hablan de que Bogotá tiene en mente el metro desde hace 77 años, pero al diario económico La República le consta -según su primera página de marzo de 1954- que desde hace 65 años se espera que la gran obra se haga realidad y sea inaugurada tal como lo han hecho otras grandes ciudades. El alcalde Enrique Peñalosa ha logrado algo histórico que consiste en no solo vencer el tradicional “canibalismo” bogotano y llevar el importante proyecto del metro hasta un punto nunca antes alcanzado y de no retorno, acto por el cual pasará a la historia como el Alcalde Mayor que sí logro hacer al menos una línea de metro y no se quedó en la charlatanería tradicional de todos sus antecesores. La gestión de Peñalosa es histórica, no solo logró recuperar algo de la esperanza del buen vivir en la capital, sino que desatrasó un poco la ciudad que estuvo frenada tras casi dos décadas de administraciones populistas y tramposas que casi la quiebran.

El metro no es una realidad aún, pero al menos en pocas semanas tendrá un doliente verdadero al cual se debe vigilar con todas las herramientas públicas de veeduría, para que antes de junio de 2025 más de un millón de pasajeros hagan sus trayectos en este sistema de transporte mucho más digno que el que se tiene ahora con Transmilenio, que dicho sea de paso mejorará notablemente su servicio al ser un complemente del metro. Pero para lograr ese objetivo mega -cuantificable- de pasajeros y fecha exacta, los políticos, los medios de comunicación, las fuerzas vivas de la capital, deben enfocarse en construir y no en destruir. A solo una semana de las próximas elecciones es imperativo que los candidatos con posibilidades de ganar las elecciones no solo se comprometan con el metro de Peñalosa por el simple hecho de que no es del apronto exalcalde sino de la ciudad; no se puede ser tan miope de seguirle poniendo palos en la rueda a un gran avance para una metrópoli de casi 8 millones de habitantes que le aporta una cuarta parte al PIB nacional.

A la luz de las encuestas a la alcaldía de Bogotá, el sucesor de Peñalosa no sería un nombre distinto al de Claudia López o Carlos Fernando Galán, dos políticos a quienes les duele la capital, la conocen y han demostrado preocuparse por su bienestar y desarrollo; y así las cosas, deberían firmar un pacto o compromiso por el metro, un documento mediante el cual se empeñen en que el proyecto ruede sin problemas para que antes de cinco años, quien los suceda en la administración, pueda inaugurar la gran obra. Bogotá se merece esta primera línea de metro y seguramente vendrán muy pronto dos o tres nuevas rutas que diseñe el sector privado a través de alianzas público privadas. Y al consorcio chino que se ha ganado un negocio de más de US$4.000 millones y que le representa a ese país el mayor proyecto vial que tiene en la región, no tiene más tarea que cumplirle a la ciudad. El metro de Bogotá para los chinos se convierte en la puerta de entrada a la cuarta economía más grande de América Latina y a una fuente de grandes obras de infraestructura, pues para nadie es un secreto que el país tiene un rezago de más de medio siglo. Los constructores chinos no solo se juegan la credibilidad en el país, sino que pueden llegar a ser los grandes aliados en las megaobras que Colombia necesita, pero para llegar allá deben hacer un metro con todas las de la ley.

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