Editorial

No se quieren enganchar a un trabajo estable

Otra herencia de la pandemia, la economía YOLO, “You Only Live Once” o “Solo se vive una vez”, se abre paso entre los jóvenes que ya entran en la tercera década de sus vidas

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Dicen que no es solo una tendencia entre los jóvenes de los países desarrollados, sino que muchos adultos -a pesar de sus obligaciones económicas, profesionales o familiares- han decidido copiar y poner en práctica sin mirar atrás. Se trata de la economía “You Only Live Once” o “Yolo”, esa que promulga que solo se vive una vez y que la verdadera libertad reside en hacer lo que se le venga en gana.

Los baby boomers le siguen predicando y aconsejando a nietos y bisnietos que consigan un trabajo para toda la vida, que le inviertan más de 2.000 semanas a una pensión, que compren un carro bueno y grande, que tengan una casa cómoda para siempre y que se comprometan sin miedo con una familia numerosa. En algunos de esos consejos coinciden los de la Generación X, pero creen más en conseguir un trabajo interesante, feliz, estable, reconocido y bien remunerado para poder desarrollarse profesionalmente durante muchos años y ser ricos y exitosos. Los millennials son otro cuento y de los centenials poco sabemos, pues aún están en la universidad.

Los aparentes buenos empleadores, en términos de informalidad, horarios, derroche de creatividad y barra libre de comidas gourmet, tales como Amazon, Netflix o Google, no están seduciendo a los nuevos talentos; la razón es que crece una nueva tendencia derivada de la pandemia que es “hacer la vida” sin ataduras laborales, jefes, obligaciones, informes ni indicadores. Tendencia socioeconómica reciente que camina de la mano con la crisis de las oficinas y el forzado teletrabajo que regresó al hogar a millones de oficinistas en todo el mundo. El “Yolo” consiste en romper las ataduras que mantuvieron hasta la jubilación y el cansancio fabril a los “boomers” y que mantienen amargados en las oficinas o en el trabajo en casa a los “G-X”; es saltar de la estabilidad a la inestabilidad laboral y por ende a los ingresos que no llegarán en forma del tradicional salario.

“Solo se vive una vez” es un mantra que toma fuerza en las economías desarrolladas con seguro de desempleo, salarios emocionales, rentas básicas, subsidios gubernamentales, jubilaciones flexibles y un sistema de salud solidario. Todo un paraíso que puede traer encubierta una crisis de financiación, pues los estados viven de los impuestos cobrados al consumo y las rentas de sus ciudadanos, pero si las personas no construyen un patrimonio, en las próximas décadas habrá un “gran papá Estado” y millones de ancianos esperando que el gobierno de turno les resuelva sus necesidades básicas como vivienda, salud, seguridad, entretenimiento, entre otros.

Todo el asunto de nuevas formas de ver la vida termina siempre siendo un nuevo reto para los macroeconomistas, quienes deben hacerle la matemática a cada tendencia para poder proyectar si esta perdura en el tiempo. Dejar de trabajar, tal y como hoy se entiende trabajo, pone en jaque las pensiones, los impuestos y hace tambalear la pirámide social, pero ante todo le abre una grieta al ahorro de las familias y de los hogares en donde se fundamenta la solidez real de las economías. Ciertamente, hay nuevas maneras de percibir el apego de los jóvenes a las empresas, pero lo que no ha cambiado o no hay un nuevo lente para observarlo, son las fórmulas económicas para satisfacer las necesidades. Trabajar para ganarse la vida y garantizar el futuro no ha cambiado.

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