Editorial

Nombres de los ministros deben estar en mente

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Falta muy poco para el 7 de agosto cuando inicie la nueva administración que llevará las riendas de la economía hasta 2030 y lo que recibirán del gobierno saliente es agridulce

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Diario La República · Nombres de los ministros deben estar en mente

En la confección y la ejecución de las políticas públicas no siempre se aplica el viejo adagio popular de que “no se pueden ensillar antes de coger las bestias”, lo que no es otra cosa que planearlo todo antes de haber logrado materialmente las metas. En el servicio público es determinante idear, confeccionar y ejecutar lo que se promete o se tiene en mente, más aún cuando se trata de un propósito de arreglar o aportar a la solución de tantas necesidades, como la de reducir la pobreza de unos 15 millones de colombianos, dentro de los cuales hay 7 millones en condición extrema.

El Gobierno que se instale en la Casa de Nariño el próximo 7 de agosto no debe esperar hasta esa fecha para reclutar y conocer las ideas de sus ministros, quienes serán esa alta gerencia que debe tener el propósito superior de llevar a Colombia a un estado de desarrollo digno, no inferior al que los recursos naturales le brindan. No importa si es Abelardo De La Espriella o Iván Cepeda el nuevo presidente; ambos deben tener en mente los nombres de sus más cercanos seguidores, ya sea en el círculo de la Presidencia de la República o como ministros, superintendentes y directores de entidades fundamentales para el país.

Cuando fallece un papa de la Iglesia Católica, se convoca a un cónclave de cardenales encargados de escoger al sucesor de entre los asistentes a esa mística reunión; cuentan que los participantes siempre entran a las mesas de discusión deliberativa con el nombre de papa que usarían en su eventual pontificado.

De esos nombres, solo uno se materializa. Las dos campañas finalistas, de entre las cuales se escogerá el próximo presidente de Colombia, deben empezar a dar los nombres de las figuras clave que manejarán la economía, la seguridad, las relaciones internacionales y quién organizará las bancadas de la coalición que debe respaldar al Ejecutivo en el Congreso. No puede ocurrir que las campañas presidenciales finalistas sean buenas en marketing político, redes sociales y componendas con caciques electoreros tradicionales y no estén preparadas para tener un equipo de gobierno desde antes.

El sector productivo, representado en los gremios de la producción, debe conocer antes de las elecciones las figuras clave para los ministerios de Hacienda, Agricultura, Transporte, Defensa y la Cancillería. Es recomendable, para la tranquilidad nacional y el optimismo que conlleva el cambio de un gobierno, que los equipos generen confianza y estén conformados por nombres que garanticen el buen desarrollo de una administración pública.

Por ejemplo, al Ministerio de Hacienda debe llegar una persona que sepa trabajar con el Congreso, que se mueva con habilidad en los círculos financieros de las bancas multilaterales en Washington, al tiempo que conozca el papel de las firmas calificadoras de riesgo en Nueva York.

Los fundamentales macroeconómicos quedarán muy maltrechos al final de este gobierno y es imperativo que a esa cartera llegue la persona más idónea, que genere tranquilidad, una suerte de Julio Velarde, el espíritu de la economía peruana, que ejerce optimismo y confianza, además de lograr que el país crezca y tenga buenas cifras, muy a pesar del desgreño político siempre presente en ese país, que ha elegido más de 10 presidentes en la última década. No hay que temerle a tener compromisos con personas calificadas que le devuelvan al servicio público la dignidad perdida.

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