Pecados en la representación diplomática

El caso Visbal Martelo es solo un episodio más de una falta de foco de la representación diplomática colombiana.

La noticia de que al embajador colombiano en Lima, Jorge Aníbal Visbal Martelo, se le dictara medida de aseguramiento dentro del proceso judicial que se le adelanta por sus presuntos vínculos con grupos paramilitares, es pésima y bastante dañina en términos de representación diplomática y sus funciones, justamente en un país como Perú en donde la presencia de empresarios nacionales es cada vez mayor en sincronía con los intereses corporativos de expandir mercados con nuestras corporaciones multilatinas.

Pero el hecho no es aislado y hace parte de una serie de pecados frecuentes en la representación diplomática local.

En la actualidad hay algunos diplomáticos investigados por las entidades de vigilancia y control que se ven obligados a gastar más de su tiempo en defensas legales, que en cumplir las labores para las cuales fueron designados. Hay tres o cuatro embajadores en la misma situación de Visbal Martelo quienes deben atender las citaciones de la justicia, y han sido muchos los casos anteriores que han dañado irremediablemente la imagen de la diplomacia colombiana, que es irremediablemente, una diplomacia presidencialista que no obedece a ninguna estrategia de país y a la cual se accede por favores electorales más que por carrera diplomática como puede suceder en Estado Unidos, Chile o Brasil, solo para citar tres ejemplos, en los que los embajadores y cónsules son profesionales en su oficio y le brindan un gran respaldo al Ejecutivo y a los empresarios que desean abrir mercados.

Hace cuatro semanas, publicamos un sondeo entre empresarios, gremios, académicos y líderes de opinión sobre la percepción del papel que juegan los embajadores y pudimos darnos cuenta de que la calificación de este público calificado depende mucho de la gestión, el profesionalismo y la presencia que el cuerpo diplomático tenga en los medios de comunicación. Mientras Visbal Martelo aparecía como el peor calificado, pues solo aparecía en las noticias judiciales, el embajador en Washington, Gabriel Silva y Mauricio Rodríguez en Londres, registrados más en el entorno económico son los que mejores notas tienen al ligar sus gestiones a los tratados de libre comercio con Estados Unidos y la Unión Europea, respectivamente.

Esperemos que en este giro político y de discursos que ha tenido la Administración Central durante este año y medio de Gobierno Nacional, también se le dé un `revolcón` a la manera como se eligen a los miembros del cuerpo diplomático y al énfasis de sus gestiones. Un solo embajador que sea llamado por los organismos de control y vigilancia, se convierte en un asunto que enloda la tarea de sus colegas y le pesa a la política internacional de Colombia como un nefasto lastre.