Pelear con el Emisor para imprimir dinero
jueves, 2 de abril de 2026
Es inédito que el Ministro de Hacienda rompa relaciones con la Junta Directiva del Banco de la República porque no lo dejan bajar las tasas, o quizá, imprimir plata para hundir la economía
Editorial
A muy pocos meses de que termine el Gobierno Nacional actual, el anarquismo de sus ideas se expresa con mayor claridad y la ideologización de sus actos llega a todos los rincones del Estado. No se puede pelear con la Junta Directiva del Banco de la República, que goza de independencia constitucional, por el simple hecho de que no le permitan bajar la tasa de interés que el Emisor le cobra al sistema financiero.
Se le olvida al ministro de Hacienda, Germán Ávila, que no hay una fórmula global probada para bajar la inflación que no sea reducir el dinero circulante por medio de la intervención de las tasas de interés del banco central; puede ser razonable que la economía colombiana no está tan bancarizada y que la creciente informalidad funcione mediante sistemas de crédito paralelos, subterráneos al modelo bancario, pero ese no debe ser el norte para construir un país más transparente que no privilegie, por ejemplo, el lavado de activos.
Se equivoca Ávila cuando, de facto, anuncia a regañadientes el alza de la tasa de interés del Banco cuando él no es el indicado, sino el gerente de la institución, pero más erra cuando plantea romper relaciones con una entidad independiente. Pueden tener razón los economistas neoinstitucionales, quienes han reaccionado al incidente, en que hay un camino para sacar al ministro de la junta del Emisor, pero es más viable una reforma constitucional en la que el presidente de la República no tenga nada que ver con el Banco de la República, que no designe a los codirectores y que el ministro no haga parte de dicha junta.
Dicha reforma también debe tomar el toro por los cuernos y poner el listón académico muy alto para los mismos codirectores, muchos de los cuales no tienen doctorado ni son formados en macroeconomía. Este penoso incidente debe perdurar para hacer las reformas que el país necesita en materia de manejo económico, por ejemplo, impedir a toda costa que la impresión de dinero quede en manos de un presidente irresponsable que logre tener sus mayorías entre los codirectores.
Petro -que es economista de carrera- entiende la importancia del Emisor y su papel en la formación económica, y la guerra que está dando -sin sentido ni razón- para bajar las tasas a sombrerazos puede tener la idea subyacente de apoderarse de la máquina de imprimir dinero, tal como sucedía en los años 60, 70, 80 y parte de los 90, cuando los irresponsables presidentes manejaban sin criterio la inflación. Ávila es el primer economista con estudios en la Universidad Nacional que ocupa el Ministerio de Hacienda y tiene la responsabilidad, casi institucional, de la máxima alma máter de Colombia, de dar ejemplo entre los economistas de su idónea formación. Mucho menos debería prestarse para acentuar el resentimiento de algunos sectores contra la banca colombiana: las tasas altas también perjudican a los bancos, que no logran poner más dinero en el mercado ni conseguir clientes.
Plantear que el Emisor le hace juego a la banca nacional es solo un predicamento pendenciero, sin fundamento. Es la oportunidad de acentuar la independencia del Banco de la República y quitarle al presidente de turno la potestad de nombrar a los codirectores, quienes deben salir de la academia y llegar a tan importante cargo para finalizar su vida profesional: unos viejos sabios probos, venidos de las universidades, no unos oscuros personajes claves para los presidentes.