Editorial

Precio del dólar de tiempos de pandemia

Gráfico LR

La revaluación del peso colombiano, sin precedentes, es una noticia agridulce para la economía que debe obligar a repensar el aparato exportador y a entender las razones del dólar barato

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Diario La República · Precio del dólar de tiempos de pandemia

Los episodios de apreciación de una moneda tienen efectos mixtos sobre la economía: primero, porque una moneda emergente revaluada frente al dólar es catastrófica para los sectores productivos enfocados en las exportaciones, como es el caso del café, las frutas y los minerales; pero también es una situación deseada por viajeros y compradores de productos y servicios importados.

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Para nadie es un secreto que el sobrecalentamiento de la economía de China, antes y después de la pandemia, trajo consigo abundancia de mercadería, electrodomésticos, vehículos y textiles baratos de ese país, que, aprovechando un dólar barato o aliados con él, han llenado los hogares de los países subdesarrollados. El peso colombiano, durante las últimas jornadas, ha experimentado una fuerte revaluación frente al dólar estadounidense, como consecuencia de la alta inflación en el motor de la economía mundial, la tendencia al alza de las tasas de la Reserva Federal y el elevado precio del barril de petróleo, impactado por los conflictos en Ucrania e Irán.

Y si a esos factores que explican la revaluación del peso se le suma el triunfo, en primera vuelta, del candidato opositor al actual Gobierno Nacional, se tiene un dólar a menos de $3.500, un precio que no se observaba desde los tiempos de la pandemia y que puede presagiar un periodo de gran optimismo frente a los cambios que puedan ocurrir en la economía colombiana a partir del próximo 7 de agosto.

No todo el optimismo, reflejado en la revolución del peso, es fruto de un eventual cambio en la administración central, sino de unas externalidades con eje en EE.UU., que han influido en los cambios geopolíticos y económicos de los últimos tres años. Un peso fuerte agridulce para la economía colombiana, que aún soporta el ingreso de divisas en el sector petrolero, liderado por Ecopetrol, y el trabajo de medio millón de familias dedicadas al cultivo del café.

Mientras los compradores en las plataformas de mercaderías chinas viven su verdadero agosto, los cafeteros, bananeros y floricultores, entre otros, sufren por el bajo precio de sus productos en los mercados desarrollados, costos que no les compensan los modelos de negocio en los diferentes departamentos colombianos, cargados de una mano de obra muy cara, servicios públicos disparados y altos costos de transporte. Con ojos de exportador, el panorama del peso colombiano no es tan halagüeño, pues son pocos ingresos para soportar unos costos fijos elevados y una inflación que no baja de 5%.

Basados en el modelo económico colombiano, la apreciación del peso hace más daño que beneficio, pues producir localmente no es una cuestión barata. Quienes aprovechan el dólar barato para importar maquinaria o comprar insumos ya lo hicieron, aprovechando los primeros brotes de una revaluación que ha estado presente en el mundo en los últimos meses. Que hoy el dólar esté en el mismo precio de entre 2020 y 2021 es una situación que puede empezar a preocupar a los hacedores de las políticas económicas, dado que generar empleos formales con un peso revaluado y una alta inflación no son variables que beneficien el cierre de los negocios.

No se puede intervenir la actual situación; hay que dejar que la mano invisible mueva el mercado y que los ajustes vengan de las mismas externalidades que están llevando el dólar a la baja. Esta situación debe hacer pensar al próximo gobierno en un rediseño del modelo de exportación colombiano.

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