Puntos para la gran discusión tributaria

La discusión sobre los impuestos en el país acaba de empezar y tardará varios meses antes de tener claro cuál es el camino que Duque tomará

EditorialLR

Como cada 20 meses o un poco menos de dos años, el país económico y empresarial está abocado a una nueva discusión sobre los impuestos que deben pagar las personas naturales y jurídicas para los próximos años. El presidente Duque, la vicepresidenta Ramírez y el ministro Carrasquilla, dieron algunas puntadas de la discusión que se avecina en el Congreso durante el multitudinario congreso anual de empresarios de la Andi en Cartagena. Todo muy claro y consecuente con las promesas del Presidente cuando era candidato, no obstante hizo falta hablar con contundencia de la reducción del gasto público de la que se había hablado en campaña y que está desbordado por la cantidad de nuevas oficinas que creó el pasado gobierno. Pero en lo que abunda información y hay suficiente ilustración es que las empresas y las personas con empleos formales, cargan con casi todo el aporte tributario de un país de 50 millones de habitantes. Para nadie es un secreto que la carga de impuestos de las empresas es enorme y que una persona natural no puede descontar casi nada de los impuestos -como el IVA y la retención- que paga cada año.

Bajar lo que se ha denominado “suelo de tributación mínima” a las empresas a niveles internacionales Ocde de 24,7% es un imperativo, pues de no hacerlo es condenar al país la involución competitiva cuando se mira el aspecto impositivo. ¿Qué quiere decir esto? En la mayoría de los países desarrollados, algunos emergentes y en muy pocos de los llamados de frontera (otrora en vía de desarrollo), la carga tributaria está asociada a la competitividad internacional como aporte de sus gobiernos para que las empresas no solo exporten sino que enfrenten las competencia interna que les reta las multinacionales. Existe una asimetría no muy difundida que tiene que ver con el factor tributario en los países nativos de las multinaciones que les permite competir, allende sus fronteras, con empresas locales con bastante éxito. Es lo que explica que muchas empresas lácteas o textileras vendan más barato en mercado muy lejanos; caso de los lecheros de Nueva Zelanda o los textileros de malasia o Vietnam que pueden llegar a cualquier país del mundo con buenos precios, incluso con la capacidad de quebrar a un que produce en la misma ciudad donde vende toda su producción.

El gran problema de estas distorsiones contributivas, que no solo perjudican el crecimiento económico del país, sino que hacen perder competitividad, es que las compañías locales no tienen más remedio que competir en su mercado local con corporaciones externas que disfrutan de gobiernos que apuestan a la competitividad de sus países con condiciones tributarias no regresivas. Todo lo contrario a lo que ocurre en Colombia en donde todos los últimos ministros de Hacienda han visto en las personas naturales formalizadas y en las empresas una fuente inagotable de recursos tributarios.

El ministro Carrasquilla debe tener en cuenta muchos aspectos para poder sacra una reforma tributaria que no se ensañe con las empresas ni con los mismos contribuyentes de siempre. El imperativo es crecer la base tributaria, acabar con muchas escenciones, y lo más importante, bajar la evasión con base en la puesta en marcha de una verdadera reforma de la Dian, entidad que hay que dividirle su activad de impuestos y la de aduana, esas dos cosas no pueden estar juntas.

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