Que agosto no sea el último mes barato

Con el dato de inflación del octavo mes del año, que sigue cayendo a mínimos, no se puede bajar la guardia en cuidar el bolsillo del consumidor

EditorialLR

El gerente general del Banco de la República, Juan José Echavarría, debe tener a los cinco codirectores y todos sus técnicos en “modo acuartelamiento”, pues la situación que enfrenta la economía doméstica no es muy clara y su proceder en el mediano plazo es fundamental. Primero están los nubarrones que se ciernen sobre el peso, provenientes de los embates devaluacionistas que experimentan todas las economías emergentes, especialmente las vecinas de Argentina. Segundo, la volatilidad de la tasa de cambio del peso colombiano, que en solo dos semanas se ha devaluado por encima de 2%, no le da tranquilidad ni a exportadores ni importadores. Y el tercer aspecto, no menos importante, tiene que ver con los pronósticos de los meteorólogos sobre la inminencia del Fenómeno del Niño para final del año o comienzos de 2019. Para nadie es un secreto que sequía significa precios altos de los alimentos. A esta situación se puede sumar el alza de los combustibles para septiembre, que tocan niveles históricos, el galón de gasolina corriente sobrepasa el techo de los US$3, un valor muy alto si se compara con países con los cuales se compite en mercados externos.

El tema que más puede preocupar a los empresarios en este momento, es un eventual rebrote inflacionario para los últimos cuatro meses del año, que impidan que las tasas del Banco Central sigan bajando del 4,25% actual, máxime si se suma el nuevo obstáculo de la devaluación externa del peso. La variación de los precios en el último dato revelado por el Dane fue de -0,13%; el año corrido ajusta 2,34%, y en los últimos doce meses va en 3,12%; cifras sin lugar a dudas muy buenas si se tiene en cuenta que el techo esperado por el Emisor es 4%, por lo que se creería que la meta está casi cumplida, pero las condiciones externas pueden dañar el plan maestro y arruinar los cálculos para el nuevo año. La inflación que más preocupa es la de los alimentos, si bien en lo mensual es negativa en 0,56%, en lo corrido 1,70%, y en los doce meses 1,23%, cifras muy bajas, la expectativa de alza es enorme por el clima seco y el elevado precio de los combustibles, factores a los que se suman los mejores meses para el consumo que representa el último trimestre del año. Claramente, no hay mucha tranquilidad en los mercados externos y el local, por lo que la prudencia debe ser el espíritu rector de las movidas.

No es un momento fácil para la economía ni para su manejo, son muchas las circunstancias enrarecidas que se empiezan a sumar. Las expectativas de crecimiento del PIB para este año son de 2,7% según la revisión al alza de Anif, y para el año venidero las cosas suenan mejor y se trabaja con 3,1%. Eso en términos de crecimiento si todo se mantiene como ha ocurrido en este segundo trimestre del año, lo que nadie esperaba es la rápida devaluación y el impacto que pueda tener sobre esto una caída en el valor del petróleo que llevaría el dólar a precios muy altos, situación que dispararía todas las alertas macroeconómicas por la disparada de creciente deuda externa y la caída del ingreso per cápita. Son muchos los empresarios que están dichosos con un dólar por encima de $3.000, pero si esta aparente buena noticia es presionada a más alzas con una caída inesperada del crudo, las cosas se empezarán a tornar más difíciles. Es una de esas coyunturas económicas en las que se dice: “estamos en el ojo del huracán”.

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