Remesas y la revaluación del peso colombiano
miércoles, 5 de agosto de 2026
El anuncio del Banco de la República de iniciar un programa de acumulación de reservas internacionales, no puede enmascarar el fenómeno de la bonanzas de las remesas
Editorial
La revaluación del peso colombiano frente al dólar estadounidense acumula un 32% este año, uno de los porcentajes más altos entre las monedas emergentes. Esto significa que, durante todo el año, la moneda local se ha mantenido entre las tres que más valor acumulan frente a la divisa estadounidense. Lo que a simple vista parece una buena noticia para las importaciones a través de plataformas digitales, representa una situación crítica para los exportadores de materias primas. Estos últimos observan cómo la tasa de cambio actual deja de ser rentable para sostener modelos económicos basados en la exportación sin valor agregado.
Floricultores, cafeteros, petroleros y algunos sectores manufactureros son los más perjudicados por el fuerte recorrido al alza que ha experimentado el peso colombiano. El anuncio del Banco de la República de iniciar un programa de acumulación de reservas era una noticia esperada por los exportadores: una luz al final del túnel que busca ponerle un piso a la caída del dólar. Según el gerente general del emisor, Leonardo Villar, este mecanismo funciona de la siguiente manera: “es un mecanismo para incrementar el nivel de reservas internacionales. Ese fue el propósito que tuvimos en 2024 y es el mismo que tenemos hoy. Por supuesto, cuando se sale a adquirir dólares se genera una demanda, pero el mecanismo tiene una característica muy útil: los dólares solo se compran cuando están baratos, es decir, cuando la tasa representativa del mercado se ubica por debajo de su promedio móvil de los últimos 20 días. En ese momento pueden ejercerse las opciones de compra y, por lo tanto, el mecanismo sí genera una demanda que puede tener algún impacto sobre la tasa representativa del mercado, pero ese no es el propósito ni lo que se está buscando”.
En otras palabras, cuando el dólar cae a niveles bajos, el Emisor interviene en el mercado comprando divisas para presionar el precio ligeramente al alza. Lo preocupante de este programa -que consiste en retirar dólares del mercado interno para sostener un precio que beneficie a los exportadores- es que también puede interpretarse como un beneficio indirecto para la masiva llegada de remesas. Durante este 2026, es muy probable que las remesas superen los US$16.500 millones.
Si bien este dinero proviene de colombianos en el exterior para el sustento de sus familias, convive con la incertidumbre sobre el origen real de otros flujos masivos de capital que deprimen el precio del dólar, sumados a factores externos como las tasas de interés en Estados Unidos y el precio del petróleo. No se puede obviar que las economías subterráneas -como el narcotráfico, los cultivos ilícitos, la extorsión y la trata de personas- junto con actividades desreguladas como ciertos ingresos de nómadas digitales o modelos de cámaras web, introducen divisas que inflan el valor del peso.
Al intervenir para comprar dólares en un mercado sobreofertado, se corre el riesgo de beneficiar indirectamente a estos focos de revaluación. Este panorama exige un llamado al Banco de la República, al MinHacienda y a la comunidad académica para estudiar a fondo la dicotomía entre remesas y reservas; una díada que debe analizarse con rigor en la coyuntura para tomar decisiones acertadas, que no afecten a los importadores, quienes son la mayoría de los colombianos, pero que para nada perjudiquen a los exportadores, esos empresarios que generan empleo y pagan impuestos.