Siempre habrá un país después del domingo
viernes, 29 de mayo de 2026
La crispación electoral por la que atraviesa Colombia es producto de la inmersión de las disputas políticas en las redes sociales y de haber alcanzado la típica polarización entre ideas de izquierda y derecha
Editorial
Colombia es un país distinto a la mayoría de sus vecinos, aquí la violencia se da silvestre en los campos, pueblos y ciudades. Durante las últimas seis décadas, pueden contabilizarse tres o cuatro guerras internas fruto de la política fratricida, las guerrillas de origen comunista, el narcotráfico de los 90 y la difuminación actual de los narcos en supuestas disidencias. Conflictos que han dejado miles de muertos y que se van encadenando uno con otro sin que la clase dirigente organice un gran plan de seguridad estructural que elimine para siempre el deja vu colombiano de vivir matándose unos con otros.
Si durante “El Bogotazo”, ese estallido social y de violenta desencadenado por el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán el abril de 1948, hubiese habido redes sociales -como gran filtro de escape de odios, venganzas y resentimientos- los muertos desde entonces serían menos. Si las ideas guerrilleras del universo comunista auspiciadas por la Unión Soviética en plena Guerra Fría hubiesen tenido redes sociales, inteligencia artificial e internet, el país se habría ahorrado muchas vidas, y la guerra del narcotráfico no fuese tan cruel como la sucedida años posteriores en los que murieron miles de policías y candidatos a la presidencia como Galán o Pizarro, entre otros.
Pero la que hoy se libra en puntos específicos del país es una auténtica combinación de fuerzas de lucha: narcotráfico, resentimiento, política y redes sociales, todo un polvorín que hace sentir que el futuro del país está muy comprometido y que por más que se den piedras angulares o de toque y esperanza, no se siente que puede haber un país que no camine lentamente hacia la figura de “Estado fallido”. Colombia no ha parado de matarse desde finales de los años 50 y el mal ha tenido la capacidad de encadenar conflicto, trayendo siempre la violencia a valor presente.
Hay la esperanza de que lo que hoy está pasando en las redes sociales, esa expresión popular, democrática, sea para bien; para que los colombianos se entiendan de ideas de izquierda, de derecha, liberales, conservadores, progresistas, lo que ellos quieran, pero que siempre sus puntos distantes se lleven a las redes no al contacto físico. Las elecciones presidenciales del domingo que se avecina son el primer gran experimento -después del Frente Nacional- de una país que se zanjará por las ideas de izquierda que hoy están en el poder, por unas de derecha que buscan instalar en el Ejecutivo otra manera de ver el futuro del país.
Puede sonar cínico, pero es más válido la fuerte confrontación en las redes sociales, que en las calles con contacto físico; el país pudo experimentar hace menos de un año el asesinato de un candidato a la presidencia, suceso que sumió al país en una tremenda preocupación, pero episodio del cual ya nadie habla. Es necesario que el país político pueda desahogarse en las redes sociales, sin llevar esa crispación y nivel de violencia a las calles; hoy por lo menos existe X, Facebook o Instagram, foros escenarios virtuales en donde todo es posible. Gana quien gane, en primera o segunda vuelta presidencial, siempre habrá un país para los jóvenes y quienes lo han construido por décadas, pretender que la izquierda se imponga sobre la derecha o viceversa, tal como lo dictan en las redes sociales, es irracional; el ganador siempre será el presidente de todos y tendrá que construir un país con menos precariedades, más empleo formal, más obras de infraestructura y mejores acceso a la educación y la salud.
Ojalá nunca la virulencia mediática llegue a las calle y lesione a más personas.