Solo empujando el sector minero crece la economía
sábado, 5 de septiembre de 2026
No es sino revisar la historia económica para precisar que solo cuando petróleo, gas y minas crecen, el PIB se dispara, hay más regalías, empleo de calidad y se reduce la minería ilegal
Editorial
Decía Álvaro Gómez Hurtado que Colombia siempre vive a la penúltima moda, un comentario que se ajusta como anillo al dedo a la situación que vive el sector minero-energético en todo el continente. Lo que está sucediendo en el sector petrolero venezolano es una auténtica revolución; todas las multinacionales estadounidenses están regresando al vecino país, tras los indicios de seguridad jurídica a largo plazo para comercializar las grandes reservas de crudo y de gas.
Otra situación que era inédita en la región tiene que ver con Argentina, que hoy produce más petróleo que Colombia y que poco a poco se acerca al millón de barriles diarios gracias al fracking en el océano Atlántico. Guyana es el país que más crece en todo el continente de la mano de su renovada política petrolera, y lo mismo sucede en los pequeños países del Caribe que han visto en sus costas fuentes de crecimiento económico.
En lo que tiene que ver con Perú, Chile y Ecuador, es un hecho elocuente que han acelerado las explotaciones de minerales, petróleo y gas para poder reducir la pobreza, disminuir precariedades y tener una oportunidad económica en un mundo más globalizado.
La verdadera transición de la economía colombiana es que estuvo postrada durante los últimos cuatro años, es más, cinco o seis años, pues la pandemia experimentada en 2020 le dejó a la economía graves cicatrices que la oposición política supo utilizar a su conveniencia y logró que se juntaran los verdaderos “déficit gemelos”, el coronavirus y la administración Petro, en donde las cifras hablan por sí solas: unos déficit fiscales de 8% y casi 10%, una situación crítica que las actuales autoridades deben empezar a solucionar. Y es que solo empujando el sector minero-energético el país logrará desatrasarse económicamente de tantas tareas pendientes, en donde la prioritaria es sacar a casi 15 millones de colombianos de la pobreza, dentro de los cuales se cuentan unos 5 millones en la auténtica miseria.
No se puede seguir alardeando de que Colombia es un país premiado en recursos naturales si estos no contribuyen a que el país dé un salto en el desarrollo económico. No se trata de apostarle a una minería irresponsable, o a sacar petróleo destruyendo comunidades y recursos hídricos, como tampoco se puede seguir importando gas a altos precios, máxime cuando es un territorio privilegiado en este combustible.
La administración De la Espriella tiene que pasar del discurso a los hechos contundentes que hagan la diferencia y cojan otro camino de desarrollo; es oportuno encontrar nuevas fuentes de financiamiento de los futuros presupuestos generales de la Nación y para ello hay que desarrollar un régimen de incentivos a las grandes inversiones, inicialmente minero-energéticas, pero también se pueden extender al turismo, la agricultura y la farmacéutica.
Varios países se han escapado del pelotón y están diseñando políticas públicas mucho más agresivas para atraer esos capitales; es un imperativo que la economía recupere el grado de inversión perdido durante la pandemia, de tal manera que las multinacionales puedan invertir en Colombia con la seguridad jurídica y tributaria de que el dinero que traigan no se vaya a perder y produzca. La sociedad colombiana se debe concientizar de que la energía que mueve sus crecientes vehículos eléctricos, los celulares y televisores, solo es posible si se genera electricidad barata y hay una permanente búsqueda de minerales que se vendan y ayuden en el propósito del desarrollo.