Trumponomics, los coletazos arancelarios

El toma y dame de aranceles entre EE.UU. y China ha escalado hasta su punto más alto, una realidad de la que no se escapan los emergentes

EditorialLR

En la bitácora de la prensa económica mundial, este 2018 pasará a la historia como el año del comienzo de una guerra comercial arancelaria a gran escala desatada por Donald Trump en contra de varios países que otrora eran sus principales socios comerciales, tales como Canadá, México, la Unión Europea, y por supuesto, China. Si bien el Presidente de Estados Unidos ha repetido en diferentes escenarios diplomáticos que un conflicto de esta naturaleza es muy fácil de ganar, también es cierto que las guerras son más difíciles de desmontar, pues tanto las víctimas como los victimarios tardan mucho tiempo en normalizar o enderezar la situación, es un hecho que estos escenarios obligan a los empresarios a buscar nuevos mercados para poner sus productos o instalar sus industrias. Esta suerte de “Trumponomics” que tiene como objetivo hacer nuevamente grande la economía de Estados Unidos, tiene (según The Economist) impulsividad, superficialidad y una amenaza tanto a la economía como al estado de derecho.

Han pasado solo pocos días desde que la guerra comercial arreciara, pero desde ahora se evidencian las consecuencias. La primera tiene que ver con el petróleo, que aparece luego de la escalada arancelaria entre Estados Unidos y China, con las intenciones de Trump de imponer tarifas a bienes equivalentes a U$200.000 millones. El Brent frenó su escalada alcista y cayó 6,15% mientras que el WTI se contrajo 5% por las preocupaciones sobre la guerra y las amenazas chinas de gravar las importaciones de petróleo estadounidense.

Es casi seguro que la disputa afecte la demanda mundial de materias primas, por lo que el cobre también cayó a su nivel más bajo en un año. La segunda gran consecuencia de estos tiempos de Trumponomics se nota en el terreno de los cereales. Los aranceles que impuso China por US$34.000 millones puso a la soja estadounidense como el producto agrícola más perjudicado. Así, países como Argentina y Brasil se verían beneficiados pues se convertirían en mercados que suplan el grano norteamericano. En 2017, Estados Unidos exportó soja a China por US$12.356 millones. Brasil sería el principal mercado beneficiado. Una investigación de la Universidad de Tennessee mostró que las compras a Brasil se aumentarían en un monto cercano a US$4.400 millones.

La tercera consecuencia se nota desde ya en el consumo estadounidense. Trump ha evitado imponer aranceles a bienes de consumo para evitar un golpe directo en los bolsillos estadounidenses, sin embargo, con los aranceles que prepara a China gravó productos chinos de mucho consumo como alimentos, el atún, colchones, cámaras, que podrían terminar impactando la inflación. Un crecimiento de los precios podría tener consecuencias en las tasas de interés que ya han venido subiendo por parte de la Reserva Federal, con su consecuente golpe sobre los mercados emergentes. Y la cuarta tiene que ver con la industria automotriz, que no solo está en medio de la incertidumbre de que Trump aplique aranceles en respuesta a las tarifas de la Unión Europea, sino que ya sufre las consecuencias de los aranceles de China. Si por alguna ventana puede impactar la guerra comercial entre esos países al mercado local, es por vía de los automotores, pues cualquier movimiento en los mercados puede afectar los precios domésticos.

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