Un antídoto contra la guerra arancelaria

La Alianza del Pacífico es una iniciativa que no puede frenarse ni estar a merced de cambios de Gobierno, es espacio para zanjar las diferencias

EditorialLR

El nacimiento de la Alianza del Pacífico se remonta al 28 de abril de 2011 durante la Declaración de Lima. Es una institución regional muy joven con intereses económicos de carácter privado muy claros; tiene el objetivo superior de desarrollar un bloque regional muy fuerte conformado por países como Chile, Colombia, México y Perú. No es técnicamente un tratado de libre comercio, ni busca suplir el papel de otro grupo de países, es más bien una forma de acelerar los negocios en el continente, liderado por cuatro economías que comparten el mismo modelo económico de libre mercado y de máximo respeto por la propiedad privada. Desde su origen se han articulado estrategias de cooperación e integración económica que buscan encontrar un espacio para impulsar el crecimiento y la competitividad de los miembros en términos de libre circulación de bienes, servicios, capitales y personas. Aspectos en los que se han dado pasos importantes.

Esta novísima alianza tiene el potencial de convertirse en la octava potencia económica y la octava potencia exportadora a nivel mundial; eso si logra avanzar en socializar verdaderamente que el bloque representa 37% del PIB, 52% del comercio total y la atracción de 45% de la inversión extranjera directa en América Latina y el Caribe. Es una promesa muy seductora para las grandes multinacionales sobre el papel, sin contar que la población es muy joven y que suma en su totalidad 225 millones de personas con un PIB per cápita promedio de US$17.000. Todo sobre el papel funciona y seguramente hacia el futuro este grupo ampliado se convertirá en uno de los focos de desarrollo más relevantes en el mundo. Todos los países miembros, sin excepción, han reducido la pobreza extrema, han generado multilatinas y se ha avanzado en el desarrollo de manera notoria al comienzo del siglo XXI.

Ahora bien, ¿qué papel puede jugar la Alianza del Pacífico en medio de la guerra global arancelaria que está generando mucha incertidumbre en el comercio mundial? Es determinante no pasar por alto el relevo presidencial ocurrido en México la semana pasada y los coletazos del tira y afloje de Estados Unidos con su vecino en el sur. Es un hecho que México -muy a pesar del cambio de derecha a izquierda- no puede desechar los avances de la Alianza y quizá ésta se convierta en su organización regional determinante para los próximos años, pues el panorama con Estados Unidos no es muy alentador máxime si se tiene en cuenta que Donald Trump con su enfoque puede resultar reelegido para otro periodo presidencial. De esta manera, la Alianza del Pacífico emerge como una alternativa o un antídoto al conflicto comercial global que empieza a escalar. No solo porque la región debe mirarse a sí misma, sino porque es un escenario de análisis entre países. Una misma postura política de México, Chile, Colombia y Perú, frente a un ataque directo al libre comercio, puede tener mucho peso en el concierto internacional. Como su nombre lo indica el grupo ofrece ventajas competitivas para los negocios internacionales, con una clara orientación a la región Asia-Pacífico, justo la cuenca con la que Estados Unidos ha entrado en un conflicto de toma y dame en materia de aranceles. Es un hecho demostrable que el mundo está cambiando y que la Alianza debe emerger como un escenario idóneo para analizar y actuar.

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