Un Niño que viene y no hay nadie preparado
sábado, 16 de mayo de 2026
Los desastres naturales siempre son una gran oportunidad para que contratistas y políticos se roben el dinero público, ahora que viene el Niño, la ocasión vuelve y juega
Editorial
La historia de Colombia está plagada de desastres naturales que, en simultánea, han emergido al mismo tiempo que los escándalos de corrupción. Mucho antes del terremoto de Popayán, el de Armenia y docenas de inundaciones, avalanchas y sequías, siempre sucede lo mismo. Pero el hecho más recordado es el racionamiento que sufrió el país entre 1992 y 1993, como consecuencia del fenómeno climático conocido como El Niño, un tradicional calentamiento de las aguas del océano Pacífico que se expresa en lluvias, sequías e incendios, golpeando regiones y sectores económicos de los países andinos.
El hecho fue nefasto para la economía. No fue la excepción en escándalos: barcazas, eléctricas regionales, importación de plantas de energía, cambio de hora y docenas de episodios que ahora empiezan a asomar la cabeza por los pronósticos científicos de que vendrá un Niño histórico, el cual seguramente será la excusa para contratar por debajo de la mesa con hábiles políticos que usarán el dinero público para “aparentemente” atender una catástrofe anunciada. Y es que el país económico no le está poniendo el suficiente cuidado a lo que se viene. La temporada de elecciones y el Mundial de Fútbol son dos eventos que lo empañan todo.
La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos, conocida como Noaa, ha dicho que hay grandes probabilidades de que se forme un fenómeno meteorológico sin precedentes desde junio de este año, una aseveración en la que han coincidido todos los agentes regionales que siempre esperan El Niño o La Niña, fenómenos irregulares que pueden durar más de un año y elevan la temperatura global, provocando desastres a su paso.
¿Por qué puede ser muy malo para Colombia? Los fundamentales macroeconómicos indican que el costo de vida sigue subiendo y que los alimentos y el transporte continúan incidiendo en los precios, pero lo que más va a pesar es el costo de los servicios públicos, especialmente el precio del kilovatio hora, que, sin haber empezado el fenómeno, ya está absorbiendo los ingresos de las 20 millones de familias. En la región Pacífica y Caribe el asunto es grave vía aires acondicionados y necesidades de refrigeración de alimentos, pues las temperaturas pueden alcanzar niveles históricos. Este año, lo más seguro es que la inflación esté más cerca de 6% que de 5%, pero durante 2027 el costo de vida va a pasar la cuenta de cobro en servicios y alimentos. Dicho de otra manera, la meta de inflación casi que completará una década sin conseguirse con el Banco de la República, que ahora no usará la excusa del incremento del salario mínimo, sino el fenómeno de El Niño.
La prospectiva económica para el cierre del año y para el comienzo del otro, en medio de un nuevo Gobierno Nacional que literalmente encontrará la olla raspada, no es la mejor. De allí que se vendrán dos o tres años de grandes ajustes o de perdición total, si los profesionales que vienen a administrar lo público no son los más idóneos. El Niño, más cambio de gobierno, inflación alta y bajo crecimiento de la economía no son buenos elementos para la ecuación económica colombiana. Y si a esto se le suma un desgobierno total, el panorama es más que complicado.
Lo primero que se debería hacer es que haya una planificación nacional intersectorial, con funcionarios a bordo que solucionen esta adversidad a la que nadie le pone suficiente atención.