Editorial
Un programa del FMI estabilizará la economía
miércoles, 30 de septiembre de 2026
El Gobierno nacional debe actuar con prontitud y acudir a un programa de ayuda con el Fondo Monetario Internacional para estabilizar la economía antes de que sea muy tarde
Editorial
Muy pocos países en el mundo, en una situación de déficit fiscal tan crítica como la de Colombia, han salido solos de sus problemas financieros. La inmensa mayoría ha acudido a los programas especiales de la banca multilateral; unos con condicionamientos y otros, simplemente, aprovechando las líneas especiales que se les habían asignado por ser economías confiables.
Lo curioso es que, ahora que Colombia acudirá al Fondo Monetario Internacional (FMI), se olvida que el Estado tenía una línea de crédito dedicada para cualquier problema eventual hasta hace dos años. Sin embargo, el desgreño de la administración pasada no solo despreció esa alternativa, sino que se ufanó de darle la espalda a la línea de ayuda, al mismo tiempo que dejaba que las finanzas públicas tocaran fondo en medio del bajo recaudo, las promesas incumplidas de inversión, la corrupción cabalgante y una baja ejecución de lo poco que había. Un programa de ayuda de la banca multilateral, en este caso el FMI, se hace urgente. Lo mejor es concentrarse en hacer una buena negociación que dejará atadas las finanzas públicas a un banco hasta por la próxima década.
El sector productivo, el Congreso de la República y la academia tienen que empezar a hablar sobre el elefante en la sala: los compromisos adquiridos valen mucho dinero, el recaudo de impuestos está estancado y la economía crece muy por debajo de su capacidad. La clave está en la condicionalidad que ponga el FMI a este dinero (tasas bajas), basado en la ortodoxia y la fortaleza que muestre el crecimiento económico. Pero hay un beneficio subyacente en toda la negociación de dicho programa de ayuda, y es el que tiene que ver con el respaldo y el cumplimiento.
El temor que había hasta hace pocos años a las firmas calificadoras de riesgo, de perder el grado de inversión y dejar que se fuera la inversión extranjera, actuaba como respaldo y cumplimiento, pero se perdió durante la pandemia. Luego, dicho respaldo y cumplimiento estuvo dado por la regla fiscal, que el pasado gobierno no solo flexibilizó sino que aplazó, generando desconfianza y poco compromiso.
Ahora solo queda acudir a la banca multilateral para que sea esta quien les hable duro a los gobiernos de turno, con el propósito de enfilar la economía y devolverla al sendero que había mantenido durante décadas. No se trata de asustar con las misiones del FMI; lo que se busca es que los gobiernos aprendan que el dinero público es sagrado, no un botín político, y que debe ser siempre destinado a hacer crecer la economía general de los colombianos, no a irse a los bolsillos de los funcionarios más corruptos y sus contratistas.
Debe haber un plan de estimulación de las exportaciones, otro que ataque de frente la evasión de impuestos y uno, bastante seductor, que atraiga las inversiones necesarias a la industria, la minería y la infraestructura. Si el plan ideado para que Colombia haga buen uso de un programa con el FMI se estructura rápido, el nuevo año no estaría perdido y sería un tiempo marcado por el regreso de la confianza a todos los sectores económicos.
De lo contrario, si la oposición impone la narrativa de que el préstamo del FMI está “envenenado” al poner algunas condiciones draconianas, el país se sumergiría en un hueco del que difícilmente saldría en una generación.