Editorial

Un solo país progresando

Nunca antes Colombia y Venezuela habían estado tan unidas en la solución de problemas, un hecho que no debe detenerse y que es una lección

Editorial

La Gran Colombia fue un sueño político que duró casi 11 años. Poco más de una década en la que se impusieron las ambiciones políticas de los caudillos militares con ínfulas de emperador romano o reyezuelos europeos que abundaron a mediados del siglo XIX. El primero en retirarse de esa gran confederación de regiones fue Venezuela, el 22 de septiembre de 1830, en una coyuntura radicalizada por las ideas de federalistas y centralistas. José Antonio Páez se autoproclamó Jefe Superior Civil y Militar de toda Venezuela y nombró a Miguel Peña ministro del Interior, Justicia y Policía, a Diego Bautista Urbaneja como ministro de Hacienda y Relaciones Exteriores y a Carlos Soublette en el Ministerio de Guerra y Marina. Así se desprendía de Colombia el país hermano que hoy es Venezuela. Al poco tiempo lo hacía el llamado Distrito Sur que cambiaría su nombre por Ecuador y bien entrado el siglo XX, tomaría el mismo camino Panamá de la mano de EE.UU.

Pero la esencia de Venezuela, Colombia, Ecuador y Panamá sigue siendo la misma luego de 189 años. Son países que comparten una canasta familiar muy parecida, un mismo idioma, una religión católica y culturas bastante similares; además han compartido desde entonces los mismos problemas políticos, sociales y económicos: dictaduras, pobreza, endeudamientos, guerrillas y todos esos elementos que los signan como países aún en vía de desarrollo. El impulso de la economía de mercado, el avance de los derechos humanos, el desarrollo que impone el capitalismo, y por supuesto, la globalización, han hecho que desde bien entrados los años 90 se experimentara de nuevo con un libre mercado a través de tratados, comunidades o alianzas. Obviamente, siempre han salido las mismas diferencias que llevaron a que este “gran país de cinco naciones” se desbaratara y desintegrara, mientras el mundo camina hacia la cooperación y desarrollo conjunto. Léase, la Unión Europea o los Estados Unidos. Lo peor ocurrió en las postrimerías del siglo XX cuando una nueva generación de populismo denominado el Socialismo del Siglo XXI caló profundo en Venezuela, Ecuador, Bolivia y Brasil, ideas auspiciadas por Cuba y el progresismo exportado por un sector europeo y ruso, que se instalarían con fuerza en la Venezuela de Chávez, la Nicaragua de Ortega, la Bolivia de Evo, la Argentina de los Kirchner y el Brasil de Lula; todos regímenes nefastos que han llevado a esos países a oscuros tiempos de corrupción, aislacionamiento y profundización del subdesarrollo.

Lo que hoy está haciendo el presidente de Colombia, Iván Duque, liderando una estrategia de liberación de Venezuela del yugo chavista, es un ejemplo histórico de cómo se puede ayudar a un vecino a salir de sus problemas. La Colombia del siglo XXI es líder regional y punta de lanza para acabar con el nefasto modelo económico de los socialistas que llevaron al traste a la economía de Venezuela y generaron una diáspora de casi tres millones de personas en menos de dos años. Nunca antes Venezuela y Colombia habían estado tan unidas en pos de la solución de sus problemas comunes. Es loable la visión de Duque y de los países que han entendido que no se pueden quedar con los brazos cruzados viendo cómo un país hermano sufre. Hoy más que nunca, son países hermanos y están unidos en la solución del problema mayor: un gobierno inepto que quiere mantenerse en el poder y seguir sometiendo a su pueblo al hambre y la desesperación.

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