Un TLC que arrancó sin infraestructura

El gobierno no ha diseñado un plan de choque para ajustar la infraestructura en pleno TLC con Estados Unidos.

Colombia es un país lleno de paradojas: mucho nos quejamos de la lenta puesta en marcha del tratado de libre comercio con Estados Unidos que duró casi seis años, responsabilizando a los gobiernos y al legislativo americano de esa situación, y justamente cuando eso sucedió hace más de una semana, nos encontramos en un peligroso limbo en materia de infraestructura que pone al descubierto nuestra improvisación.

No existe en el país una obra que haya sido adelantada durante todo este tiempo con el objetivo de aprovechar todos los beneficios que ofrece el TLC con el motor de la economía mundial. No existe un puerto moderno; ni siquiera se terminaron las obras del aeropuerto Eldorado; no se ha adelantado la doble calzada a Buenaventura, y no hay autopistas competitivas que conecten el interior del país con los puertos en el Caribe ni en el Pacífico.

En pocas palabras arrancó el tratado de libre comercio sin que tengamos las obras de infraestructura necesarias para llevar nuestros productos a los puertos y los aeropuertos nacionales, como una primera escala para acceder al mercado estadounidense. El Plan 2.500, prometido por la anterior administración, nunca avanzó y el escándalo de Agro Ingreso Seguro empañó la verdadera situación del campo colombiano de cara al TLC.

Pero pasados un par de años de esta administración, el espejo retrovisor ya no funciona y nada se observa en materia de infraestructura vial, aeroportuaria o marítima, un sector en donde hay un penoso rezago de décadas. Mucho viaje, reunión, cumbre y, en general, cientos de anuncios gubernamentales, pero nada se ve en materia de obras concretas que muestren un verdadero apoyo del Ejecutivo para los empresarios exportadores.

En el sector de infraestructura solo se dicen palabras al aire de cuantiosas inversiones: "el Plan de Infraestructura para la Prosperidad, que contempla la ejecución de recursos por más de $99 billones en esta década -de los cuales, cerca de $32 billones en este cuatrienio- será la carta de navegación en este empeño", ha dicho insistentemente el Presidente, pero nada se ve.

Nadie discute que los dos primeros años de gobierno Santos han sido muy buenos (mejores que los de sus antecesores) y que ha logrado recuperar situaciones peligrosamente deterioradas en lo diplomático y en lo económico en tiempo récord, pero esas buenas noticias no ocultan su pésima gestión en infraestructura.

Es un hecho elocuente que sus funcionarios peor calificados estén en las dependencias que tienen a cargo los aeropuertos, los puertos y las carreteras. Señor Presidente: el país requiere de un verdadero plan de choque que deje atrás el rezago que tiene la infraestructura nacional.