Una tributaria con énfasis tecnológico

Duque habló de la factura electrónica como punta de lanza de su plan económico, ahora esa debe ser la fórmula para una reforma tributaria

EditorialLR

La sabiduría popular dicta que en términos de impuestos “no hay que llegar primero, pero hay que saber llegar”, tal como reza el corrido de José Alfredo Jiménez; y lo traemos a colación porque el nuevo gobierno de Chile, en cabeza de Sebastián Piñera, ya presentó en sociedad su nueva reforma tributaria de la que la administración local de Iván Duque puede aprender bastante. Una suerte de ‘benchmarking’ tributario entre dos países que han sido los alumnos más aplicados de la cátedra económica que dicta la banca multilateral; que dicho sea de paso, los ha blindado de las turbulencias financieras externas y de los brotes populistas del vecindario. Piñera y Duque se parecen en muchas cosas: la primera que ambos hablaron en sus campañas a sus respectivos gobiernos de la importancia de la factura electrónica o de la boleta electrónica como se le llama en Chile. La segunda tiene que ver con la rebaja de impuestos a los empresarios, para que éstos puedan ampliar sus industrias y salir a conquistar nuevos mercados, apalancados en las buenas condiciones tributarias locales para así sacarle provecho a los tratados de libre comercio, que como van las cosas, pasarán a la historia en medio de la creciente ola de ideas ‘trumpeconomics’ que ha desatado escaramuzas arancelarias que hacen ver en el panorama una nefasta guerra comercial de escala internacional.

Frente a la segunda similitud, Piñera ya se echó para atrás y descartó aliviar los impuestos de las empresas chilenas al considerar que no era el momento de rebajar las tarifas corporativas, la tasa empresarial sigue siendo de 25%. La reforma no contempla menos impuestos corporativos, pero las empresas podrán deducir de su base impositiva el gasto en bienes físicos, lo que es uno de los pilares para fomentar la inversión, mediante el cual se busca bajar el impuesto a pagar, tanto como el monto total de las inversiones. La nueva tributaria chilena se mete de frente con las plataformas digitales y propone que las que operen en el exterior y presten servicios en Chile recibirán un impuesto de 10%, tales como Netflix, Spotify y Airbnb, entre otras menos populares, pero en el caso de Uber y Cabify quedarían eximidas porque su legalidad sigue siendo objeto de discusión por las leyes del país austral, tal como ocurre en otros países. Pero en cuanto a la factura electrónica, Piñera eleva su uso a obligación, so pena de duras sanciones para poder formalizar más la economía. Es decir, se la juega por el factor tecnológico para luchar en contra de la informalidad campeante en países como Chile, Colombia, Perú y México, lugares en donde el mayor problema de los bajos recaudos tiene que ver con el control de las autoridades tributarias para cobrar impuestos.

Duque, por su parte, debe alinear sus objetivos tributarios urgentemente y no ser inferior al imperativo de reorganizar los recaudos. Ya habló de factura electrónica, promesa que no puede echar para atrás; lo mismo que la carga tributaria corporativa que en Colombia es muy alta; dos situaciones en las que no se puede dejar manosear; debe alinear al Congreso en donde ya se radicaron dos proyectos de ley de origen parlamentario que se meten con sus propósitos de tributos; uno es el del alza del salario mínimo extraordinario y el otro es la rebaja de los impuestos a las empresas que propone Cambio Radical. Lo primero que debe hacer es empaquetar todas estas iniciativas para no dejarse imponer su agenda.

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