Una visita más que oportuna y apropiada

Todo lo que está pasando en la economía mundial tiene que ver con Trump y que escoja a Colombia para venir en diciembre es más que importante

EditorialLR

A la segunda va la vencida. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, canceló su visita de Estado a Colombia el pasado abril, una parada prevista antes de llegar a Lima para participar en la Cumbre de las Américas, a la que tampoco fue. El gobierno estadounidense manifestó que “el Presidente permanecerá en Estados Unidos para supervisar la respuesta estadounidense a Siria y monitorear acontecimientos alrededor del mundo”. Eran días difíciles para la administración americana y para Colombia, que se aprestaba a celebrar la primera vuelta para las elecciones presidenciales, además todo el ambiente político local estaba caldeado por la captura de un líder guerrillero con petición de extradición. Quizá en ese momento la súbita cancelación de la visita de Estado por parte del hombre más poderoso del mundo fue afortunada, pues nadie sabía el norte que tomaría el país, pues para nadie es un secreto que la izquierda podía llegar al poder y con ella el distanciamiento con Estados Unidos.

Pero las cosas cambiaron y el nuevo Gobierno de Iván Duque ya está instalado en la Casa de Nariño desde hace un mes y la confianza y tranquilidad se han vuelto permanentes en Colombia, que poco a poco, no solo empieza a ver otros resultados económicos, sino que la política permanece en una calma chicha y las inversiones recobran la confianza necesaria para seguir en el camino del desarrollo de los últimos años. Es un ambiente propicio para la visita de Estado que prepara Trump y Estados Unidos. El entorno mundial no es fácil por la guerra arancelaria desatada por él mismo con China; al mismo tiempo la situación de Latinoamérica se ha enturbiado como nunca en la historia reciente, por situaciones crónicas como el fracaso del modelo económico en Venezuela que ha desatado una diáspora sin precedentes en el continente y la nueva noticia, de pésimas consecuencias, como es la debilidad de las monedas emergentes empezando por el peso de Argentina, segundo destino del Presidente de Estados Unidos en el anunciado viaje de fin de año.

En lo local, la agenda temática que deben tocar los presidentes tiene componentes chocantes y evasivos por nuestras autoridades como es el crecimiento de los cultivos ilícitos y el boom de tráfico de cocaína que experimenta el mercado subterráneo del narcotráfico. Este tema debe tratarse con toda seguridad, así muchos políticos quisieran evitarlo para no sonrojarse. Para diciembre, cuando Duque ya lleve más de 100 días en la Casa de Nariño debe haber empezado a dar resultados en el enfoque de la guerra interminable contra este nefasto negocio que signa todas las relaciones de nuestro país.

Si el narcotráfico es un tema obligado, pero vergonzante, y en el cual recibimos más garrote que zanahoria, el asunto del tratado de libre comercio es más amable. Es imperativo que las autoridades económicas tengan una propuesta para revitalizar un TLC que claramente ha sido bueno para el país del norte y regular para Colombia. Y el último asunto es Venezuela: la diáspora del vecino país al mundo arranca en nuestra frontera y puede desestabilizar la región; seguramente el Ministerio de Relaciones Exteriores preparará una estrategia de solución al problema para que Estados Unidos sea el principal promotor y no quedarse cruzados de brazos para que las fórmulas lleguen de otros lados.

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