Vienen tiempos de cambio para transportadores

Buseros, camioneros y taxistas no pueden seguir sometiendo a los usuarios a sus anárquicas reivindicaciones económicas

Buseros, camioneros y taxistas no pueden seguir sometiendo a los usuarios a sus anárquicas reivindicaciones económicas

Para nadie es un secreto que el gremio de transportadores públicos de buses en Bogotá son algunos de los responsables históricos de que la ciudad esté sumida en una crisis de movilidad y que no exista un metro como solución, tal como se había proyectado desde 1954. Cuando los buseteros capitalinos se dieron cuenta del gran negocio que tenían entre sus manos, y que el desarrollo ordenado de la ciudad iba en contravía de sus intereses, empezaron a patrocinar concejales y alcaldes inescrupulosos que han sido la verdadera piedra en el zapato de que una metrópoli de nueve millones de habitantes no tenga sistema masivo de transporte en metro. Lo mismo está sucediendo en Cali, cuando los caóticos reyes del transporte urbano se van lanza en ristre en contra del Mio, un sistema masivo similar al Transmilenio, y al que ahora quieren doblegar con sus protestas violentas.

Los usuarios no pueden pagar los platos rotos de cuanto transportador quiera imponer la ley de la calle. Es un hecho que los ‘transmilenios’ de Cali, Medellín, Barranquilla, Pereira, Bucaramanga y Bogotá, son soluciones parciales, temporales en pos de los sistemas de metro y que brindan una mayor calidad de vida para la gente, frente a los anárquicos buses que han sido los reyes de transporte urbano. La Alcaldía de Cali no puede ceder a los intereses particulares de un puñado de buseteros que con su anarquía quieren poner en jaque a nuestras ciudades, pues el efecto en cadena sería una realidad si no se les ponen los puntos sobre las íes. Es lógico que los buses viejos salgan de las rutas y de las calles por donde transitan los articulados, que brindan un mejor servicio a la gente. Nuestras autoridades no pueden dejarse someter a intereses dañinos que nos mantendrán bajo el lema: “que el caos nunca muera”.

Igual sucede en Bogotá, en donde por algunas rutas de Transmilenio mantienen vivos sus negocios empresas de transporte que seguramente tienen concejales patrocinados desde hace varios años. Por la Avenida 30 sobreviven rutas de transporte que no se han podido sacar de las calles, lo cual ocasiona los terribles trancones. Ahora que se entregan las obras de Transmilenio por la Avenida Eldorado y por la Carrera Décima, también se va a ocasionar la misma situación. Los camioneros, buseteros y taxistas le prestan al país un servicio muy importante que redunda en beneficios económicos y sociales, pero su cultura empresarial no puede ser anárquica y actuar como si estuvieran en medio de la selva, bajo amenazas de paros y de graves perjuicios para la gente y para la competitividad de las ciudades.

Ojalá la administración de Cali dé un ejemplo contundente a los transportadores que están dañando el Mío, y que de esa manera, perjudicar a una ciudad no se vuelva cultura nacional.