Ambiente

Arabia Saudita y Emiratos Árabes lideran el ranking de emisión de CO2 per cápita

Gráfico LR

Al revisar la huella atmosférica por persona, la participación de economías como China y EE.UU. en la emisión disminuye

Juan Camilo Quiceno

Durante años, el debate climático ha estado dominado por una cifra: las emisiones totales de dióxido de carbono por país. Bajo esa lente, nombres como China o Estados Unidos encabezan la lista de los mayores responsables del calentamiento global.

Pero al cambiar la escala y dividir esas emisiones entre el número de habitantes, el mapa se transforma por completo. Ya no son las economías más grandes las que lideran, sino aquellas donde cada persona, en promedio, deja una huella de carbono mucho más alta.

Un análisis elaborado con datos de Our World in Data, que compara las principales economías del mundo, muestra que los mayores niveles de emisiones per cápita no están en Asia ni en América, sino en Medio Oriente.

En concreto, el ranking de emisiones per cápita lo encabezan Arabia Saudita, con cerca de 20,4 toneladas de CO2 por habitante al año, seguido por Emiratos Árabes Unidos (20,1), Australia (14,5), Estados Unidos (14,2) y Canadá (13,4). Más abajo aparecen Rusia (12,3), Corea del Sur (11,3), Singapur (9,2), China (8,7) y Japón (7,8), lo que evidencia la marcada diferencia en la huella de carbono individual entre economías con distintos modelos energéticos.

Aquí puede verse que las economías más grandes del mundo no necesariamente son las más intensivas en emisiones por persona. Mientras China lidera ampliamente en volumen total de CO2, su nivel per cápita es considerablemente menor al de países con poblaciones más pequeñas y economías altamente dependientes de combustibles fósiles.

Este patrón coincide con una de las hipótesis más discutidas en la literatura ambiental: la Curva de Kuznets Ambiental, desarrollada por economistas como Gene Grossman y Alan Krueger. Según este enfoque, las emisiones tienden a aumentar en las primeras etapas del crecimiento económico —cuando la industria y el consumo energético se expanden— y solo comienzan a estabilizarse o reducirse cuando los países alcanzan mayores niveles de desarrollo y adoptan tecnologías más limpias.

En el otro extremo del ranking aparecen países como India y Brasil, con emisiones per cápita significativamente más bajas. Este resultado suele asociarse a menores niveles de ingreso y consumo energético, pero también a factores como la matriz energética o la estructura productiva.

En un contexto de transición energética, las principales economías enfrentan la presión de desacoplar el crecimiento económico de las emisiones, un proceso que ya comienza a evidenciarse en algunos países, pero que aún avanza de forma desigual.

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