Así está el país en materia de conservación de suelo y restauración de hectáreas
martes, 7 de julio de 2026
Hoy, 7 de julio, se conmemora el Día Internacional de la Conservación del Suelo como homenaje al investigador estadounidense Hugh Hammond Bennett
Hoy, 7 de julio, se conmemora el Día Internacional de la Conservación del Suelo, una fecha que honra el recurso que sostiene la vida en el planeta: la capa de tierra fértil que tarda siglos en formarse y que puede perderse en apenas unos años por la erosión, la deforestación o el mal uso agrícola. Su celebración anual también es un homenaje al investigador estadounidense Hugh Hammond Bennett, quien fue el primero en demostrar que la calidad de la tierra determina directamente su capacidad productiva.
El suelo no solo alberga cerca de 25% de todas las especies del planeta y funciona como uno de los principales reguladores hídricos, sino que también es el principal reservorio de carbono terrestre, capaz de almacenar el doble de lo que retiene la atmósfera. A esto se suma que sostiene alrededor de 95% de la producción mundial de alimentos, según cifras del Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural.
La presión sobre ese recurso es cada vez más incipiente, debido a que, con una población mundial que supera los 7.000 millones de habitantes, la demanda de alimentos apunta hacia una producción cada vez más intensiva por unidad de área, lo que se traduce en mayor uso de insumos agrícolas y, con el tiempo, en pérdida de fertilidad y en más emisiones de dióxido de carbono provenientes del sector agropecuario.
En Colombia el panorama no es tan positivo: de acuerdo con el estudio nacional de degradación de suelos elaborado por el Ideam, el Ministerio de Ambiente y la Universidad de Ciencias Aplicadas y Ambientales, 40% de la superficie continental e insular del país se encuentra afectada por degradación de suelos por erosión, de la cual una quinta parte presenta erosión ligera, 17% erosión moderada y 3% erosión severa, seguido de 0,2% en grado muy severo, el más difícil de revertir.
Cabe recalcar que la erosión en grados severo y muy severo es prácticamente irreversible, resultado tanto de condiciones naturales como de usos inadecuados del suelo que se remontan a la época colonial.
Frente a ese panorama, MinAgricultura señaló que el país le apuesta a la Estrategia Nacional de Restauración 2023-2026, dentro de la que se contabilizaron 58,8 millones de hectáreas prioritarias para procesos de restauración, de las cuales 12,9 millones ya presentan una pérdida severa de integridad ecológica. Esto no solo revela la magnitud de la tarea pendiente, sino que también demuestra que buena parte de los conflictos por uso del suelo terminan afectando la productividad agropecuaria y la provisión de servicios ecosistémicos.
Para contener la expansión desordenada de la frontera agrícola, se han implementado instrumentos de ordenamiento territorial como las Áreas de Protección para la Producción de Alimentos, Appa, que, según el MinAgricultura, ya suman 996.799 hectáreas distribuidas en 58 municipios del país; el fortalecimiento de 28 Zonas de Reserva Campesina y siete Territorios Campesinos Agroalimentarios, que son iniciativas orientadas a ordenar la propiedad rural y a mantener modelos de producción compatibles con la conservación del suelo.
La transformación de los sistemas productivos a mecanismos de agricultura regenerativa, agroforestales, silvopastoriles, de rotación de cultivos y de bioinsumos también se ha erigido como una estrategia para mejorar la estructura física y biológica del suelo, aumentar la retención de agua y fortalecer la resiliencia del campo frente a la variabilidad climática.
Juan Fernando Saldarriaga, profesor del departamento de Ingeniería Civil y Ambiental de la Universidad de los Andes, advirtió que el suelo suele reducirse erróneamente a un simple soporte para cultivar alimentos, cuando en realidad es uno de los ecosistemas más complejos que existen, donde ocurren procesos de ciclo de nutrientes, almacenamiento de carbono y regulación hídrica gracias a millones de microorganismos.
"El problema es que hemos tratado el suelo como un recurso ilimitado, cuando en realidad puede tomar cientos de años formar unos pocos centímetros. Cuando se degrada perdemos fertilidad, biodiversidad y capacidad productiva, pero también perdemos un aliado fundamental frente al cambio climático", dijo.
Para Saldarriaga, Colombia enfrenta diferentes amenazas, incluyendo erosión por pérdida de cobertura vegetal, disminución de materia orgánica en los sistemas productivos y contaminación derivada de actividades mineras, industriales y agrícolas. Sin embargo, recalcó que lo más grave es que el país no dimensiona el valor de este recurso porque "muchas veces hablamos de proteger el agua, el aire o los bosques, pero olvidamos que muchos de esos servicios ambientales comienzan precisamente en el suelo".
"Si seguimos perdiendo su capacidad de almacenar carbono, retener agua y mantener actividad biológica, no solamente tendremos un problema ambiental sino también productivo y económico", enfatizó el experto.
Teniendo en cuenta que, mientras la recuperación busca devolverle funciones perdidas (fertilidad, materia orgánica, actividad microbiana), la restauración pretende llevar el ecosistema a condiciones cercanas a las originales. En línea con esto, Saldarriaga planteó que el país debería dejar de actuar solo cuando el daño ya ocurrió y avanzar hacia un monitoreo más riguroso de la salud del suelo, conectando dos frentes que suelen trabajarse por separado: la gestión de residuos orgánicos y la conservación del suelo.
En detalle, indicó que "tenemos una gran cantidad de residuos orgánicos que todavía no aprovechamos adecuadamente. Si logramos transformarlos de manera segura en nuevas materias primas, podemos reducir impactos ambientales y al mismo tiempo devolver carbono y nutrientes a nuestros suelos"
Proteger el suelo colombiano ya no es solo una tarea de conservación ambiental, sino una condición necesaria para garantizar el derecho a la alimentación, la productividad del campo y el cumplimiento de los compromisos climáticos del país. Restaurar hectáreas es apenas el primer paso de un cambio de fondo que exige transformar la manera en que se produce, se consume y se le devuelve al suelo lo que durante décadas se le ha quitado.