Bajando de la torre de marfil

Trabajar en RSE retorna valor a las empresas.

Adriana Vega

*Directora de Vega Jaramillo.

Desde que estaba en la universidad, siempre creí que la Comunicación Social era más social que comunicación. Precisamente porque las personas estamos inmersas en un contexto -la sociedad- donde comunicarnos es lo que nos caracteriza como seres humanos.

Cuando logré hacer realidad mi sueño de emprender y crear, con mi socia, una agencia de comunicaciones, tuvimos la fortuna de que uno de nuestros primeros clientes, y que aún permanece con nosotros, fuera la Liga Colombiana Contra el Cáncer, entidad con la que, más allá de diseñar campañas de prevención o cambios de comportamientos, hemos crecido como personas.

Trabajar temas de responsabilidad social, nos retorna un valor, que, como dice un comercial, no tiene precio. La RSE transforma a los equipos y a las empresas que trabajamos en la búsqueda de mensajes, porque nos hace mejores seres humanos.

¿Por qué?, sencillo. Lo primero que hacemos los equipos encargados de comunicar procesos de responsabilidad social es adentrarnos en el tema, y en las historias de los seres humanos que hay detrás. No hay palabras para describir lo que se siente al entrevistar a una paciente de cáncer de seno que le da ánimos a los que no sufrimos de nada. O cuando vemos que un menor con leucemia no recibe la atención en los tiempos requeridos (cuando sabes que el tiempo es vital para la cura de los niños); o cuando nos cuentan los de Unodc que hay niños de 7 años adictos a la droga.

De la misma manera, emociona hasta los huesos ver empresas que con sus áreas de responsabilidad social hacen aportes en el campo, en barrios de origen informal o en seres que requieren apoyo del entorno y se ve la transformación y el cambio real.

Trabajar temas de Responsabilidad Social impacta positivamente a las agencias y nos hace ver el mundo de otra manera. Nos hace más respetuosos, más cálidos, más pacientes y más tolerantes. Al comunicar tratamos de cambiar el entorno, el exterior, pero nos transformamos desde dentro.
Por eso la única recomendación que se me ocurre dar a las agencias o a los comunicadores que trabajan estos temas es asumir estos retos con el corazón abierto y dejar, sin temor, que el mundo nos toque. Hacerlos y trabajarlos desde el conocimiento de los documentos que las empresas nos dan, pero sobre todo, en la calle. Conociendo de verdad los proyectos, hablando con las personas afectadas o beneficiadas, entrando a sus casas, alzando los niños y viendo el mundo desde sus ojos.

Así que, como cuando decimos que el Carnaval de Barranquilla que quien lo vive es quien lo goza, en temas de responsabilidad social quien lo vive es quien lo entiende y, por ende, quien lo sabe comunicar. La ligereza, los estereotipos y el asumir la realidad desde una oficina no funciona. Los procesos se dan en la calle y allí es donde se entienden las verdaderas necesidades de comunicación.

Cada vez que debamos asumir la tarea de comunicar un proyecto de responsabilidad social, en la que está implícito el cambio del planeta y de los humanos que la habitamos, debemos empezar por olvidar las cifras que repiten sin cesar los técnicos: “tantas personas beneficiadas o recursos por tanto”, para profundizar en el cómo y porqué este proyecto hace de este un mundo mejor, a cuál ser humano está beneficiando y cuál es la historia detrás de…. Si un comunicador puede ver con los ojos y el corazón el por qué, no solo va a contribuir a transformar la realidad, no solo va a comunicar de manera más inspiradora e impactante el proyecto, sino que se habrá transformado a sí mismo.

Como comunicadora y como periodista tengo la certeza de que estar encerrados en una torre de marfil y ver desde lejos la realidad es lo más peligroso que hay, más cuando hablamos de temas de responsabilidad social.

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Compromiso social - Barranquilla - Análisis - Sostenibilidad