Con bioindicadores, la Licorera de Caldas mide la calidad del agua que utiliza

Teresita Celis - tcelils@larepublica.com.co

Los bioindicadores vienen ganando terreno en el mundo como una de las herramientas más válidas y efectivas para determinar y medir la calidad del agua, sin que esto lleve a un desplazamiento de los métodos tradicionales de los análisis físico-químicos.

La Industria Licorera de Caldas (ILC) entró en esa tónica y tras una investigación, que emprendió en 2010, logró establecer en una de las dos fuentes de agua, que tiene concesionadas y con las cuales se surte para consumo propio y fabricación de licores, la presencia de macroinvertebrados acuáticos de la familia Tabanidae, que le indican que el agua tomada es extrapura. Éstos se encuentran en la quebrada La Cristalina, que nace en la cuenca de propiedad de la ILC, de unas 250 hectáreas.

“El encontrar un macroinvertebrado de estos en una corriente de agua señala que la calidad del afluente es superior al agua potable de cualquier acueducto del país. Eso es lo que se llama un bioindicador y en el caso de la familia Tabanidae es un macroinvertebrado sensible a cualquier tipo de contaminación. Entonces sólo puede vivir en aguas extrapuras”, sostuvo la jefe de Gestión Ambiental de la licorera caldense, Ángela María Arango.

Según señaló, en Colombia no son muchos los estudios e investigaciones que se hacen de bioindicadores porque es una práctica que apenas se está introduciendo, no está estandarizada y en términos generales es costosa. En la recolección de muestras de las aguas y de los macroinvertebrados, que la ILC hace dos veces por semestre, la licorera destina más de $20 millones por año. “Tener agua tan pura con la que se fabrican los licores, le da un toque especial a los productos de la licorera y un valor agregado frente a la competencia y al consumidor que siempre está buscando buenas prácticas en lo que consume. Lo que encontramos en los análisis es que este bioindicador se encuentra antes y después de la toma de agua”, dijo Arango.

En los estudios han sido identificados 1.903 individuos representados en 27 familias de macroinvertebrados (Physidae, Hyallelidae y Tabanidae). “La biodiversidad y cantidad de individuos indican la buena calidad del agua y si sólo se encontrara uno sólo de la familia Tabanidae ya marca agua extrapura”, agregó.

Invierten $1.200 millones anules en conservar la cuenca
La Licorera de Caldas es, tal vez, la única fabricante de licores en el país con agua propia, que concesiona, y toma de la cuenca de su propiedad de unas 250 hectáreas. Allí hay 65 nacimientos que se convierten en las quebradas La Cristalina, Guayabal y La Pinera. Sobre las dos primeras la licorera tiene la concesión y en La Cristalina se detectó la presencia de bioindicadores (macroinvertebrados) que validan el agua como extrapura. Esto obliga a la firma a ejercer programas de reforestación y buen uso de los recursos naturales, en lo que invierte unos $1.200 millones al año.