De las papas, al reciclaje y a producir combustible

Solo 17% de la basura que se produce al día se recupera

María Paula Cano

En países como Canadá, Holanda y Australia, se han planteado proyectos de reciclaje en medio de entornos sociales complejos en los que productos de consumo masivo, el ambiente y las comunidades cercanas a plantas de producción se puedan integrar armoniosamente. Esta apuesta es una evidencia de que la tecnología y las políticas de sostenibilidad, estructuradas con pleno compromiso con el desarrollo para los países donde se evidencia una conciencia mayor hacia el post consumo, son cada vez más una realidad.
En Colombia este tipo de políticas y programas de reciclaje con materiales, en este caso como lo son los empaques que se usan para la distribución de nuestros productos, es una realidad. Y es que la innovación, el desarrollo de tecnologías amigables con el ambiente y el desarrollo de proyectos que promuevan el encadenamiento de nuestra actividad productiva con las diferentes dinámicas económicas, sociales e inclusive culturales, son mecanismos que convierten a las compañías que realizan este tipo de iniciativas como un actor participativo y dinamizador de comunidades, que para el caso de Colombia, han estado históricamente ajenas a este tipo de actividades.

En particular en el departamento de Cundinamarca, a 22 km al occidente de la ciudad de Bogotá se encuentra Funza, un lugar que durante los últimos años ha tenido un crecimiento industrial exponencial, aportándole desarrollo y competitividad a sus habitantes, y el que alberga nuestra principal planta de alimentos. En este municipio se adelanta un proyecto piloto que recicla cerca de 240 toneladas de residuos sólidos, pero que a diferencia de otros centros de reciclaje, es el primero capaz de producir diésel a partir de los empaques de los productos de PepsiCo que diariamente los colombianos consumen.

Con el desarrollo de este proyecto piloto, la apuesta es la generación de un hito para el futuro del post consumo en Colombia, ya que combinará armónicamente el consumo de productos como los producidos por PepsiCo, la protección del medio ambiente y el desarrollo de las comunidades.
Y es que en Colombia, según la Asociación Colombiana De Ingeniería Sanitaria y Ambiental (Acodal), apenas unas 5.440 toneladas al día, cerca del 17% de la basura que se genera, se reciclan.

Esta cifra demuestra el largo camino que le falta al país en materia de aprovechamiento de sus residuos sólidos, si se tiene en cuenta que países como Holanda logran reutilizar cerca del 80% de la basura que generan.
La tecnología que está soportando PepsiCo en Colombia no consiste exclusivamente en materia de maquinaria de reciclaje como comúnmente se cree. Esta sorprenderá con uno de los primeros grandes avances que se hacen materia de reciclaje, puesto que el tipo de material que se usa para la producción de, por ejemplo, paquetes de papas fritas ahora puede ser usado para la producción de un combustible que es utilizado posteriormente en nuestra propia flota de distribución. Esto nos permite formar un círculo de reciclaje dentro de la compañía, logrando que a partir de los residuos, se generen insumos para continuar con el resto de procesos. Lo anterior garantiza un post consumo sustentable y, sobre todo, responsable.

La implementación de este tipo de iniciativas representa para el país un reto en la creación de cultura al consumidor y productores, para que puedan asumir este proceso de evolución de manera responsable, pero a su vez un importante reto para que sea empleada como una herramienta de dinamización local y una puerta de oportunidades para que otros sectores y compañías se sumen a la creación de una conciencia amigable con el medio ambiente.

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