De sembrar árboles a proteger páramos, las apuestas ambientales de las empresas
martes, 29 de septiembre de 2026
Este año la presión sobre los bosques ha aumentado significativamente por la fuerza con la que El Niño ha golpeado a los ecosistemas nacionales
En medio de la crisis generada por el fenómeno de El Niño y las crecientes temperaturas a nivel global, la pregunta de qué tan bien se están conservando los ecosistemas del país se vuelve crucial. El público empieza a entender que de la protección del entorno natural dependen no solo las especies de fauna y flora, sino también el agua, la comida, la economía y hasta la misma tierra sobre la que habitan las personas.
En Colombia, delitos ambientales como la deforestación, la minería ilegal y el tráfico de fauna están en auge. En 2025 el país perdió 119.483 hectáreas de bosque natural, 5,2% más que el año anterior. La cifra sigue creciendo desde que se alcanzó el mínimo reciente de 79.256 hectáreas en 2023, principalmente a causa de la ganadería extensiva y la expansión de la frontera agrícola.
Este año la presión sobre los bosques ha aumentado significativamente por la fuerza con la que El Niño ha golpeado a los ecosistemas nacionales. Según la Ungrd, en lo corrido de 2026 se reportan alrededor de 119.000 hectáreas afectadas por incendios forestales, una cifra equivalente a lo talado el año pasado y de un tamaño comparable al de la Ciudad de México.
Finalmente está la minería ilegal, que se concentra principalmente en el Chocó, el sur de Bolívar y el Bajo Cauca antioqueño. Las cifras más recientes, de 2023, identificaron 105.060 hectáreas de minería de oro de aluvión, de las cuales solo 20% contaba con licencias ambientales. Un informe de inteligencia dio a conocer que hasta 1.120 ríos han sido contaminados con mercurio y otros metales pesados como consecuencia de esta práctica.
El papel de las empresas
Si bien en Colombia el grueso de las problemáticas ambientales está ligado a prácticas económicas ilegales, las empresas y multinacionales no están exentas de haber generado crisis ambientales, como el derrame de Deepwater Horizon en el Golfo de México o el de Chevron en Ecuador.
Sin embargo, al estar sujetas a estándares y regulaciones, muchas empresas en Colombia cuentan con programas dedicados a la preservación y protección del medio ambiente.
Ecopetrol, a través de la reserva natural La Tribuna, ha restaurado y protegido 128 hectáreas de bosque seco tropical, uno de los ecosistemas más degradados del país, en el departamento del Huila. La petrolera también cuenta con el Proyecto Vida Silvestre, en colaboración con WCS, que consiste en la protección de 15 especies silvestres en lugares donde opera la compañía, como los Llanos Orientales, el Magdalena Medio y el piedemonte andino-amazónico.
Grupo Argos cuenta con varias iniciativas, entre las que destacan Sembrando Futuro y Sembrando Futuro 2.0, un proyecto lanzado en 2025 y enfocado en la aforestación y la reforestación. Su meta es plantar más de 2,3 millones de árboles nativos en el suroeste antioqueño, que podrían captar hasta 372.000 toneladas de CO₂ durante los próximos 30 años.
Por su parte, Bavaria cuenta con el programa miPáramo, a través del cual reporta la protección de 15.000 hectáreas de páramo entre Santurbán, Guerrero y Chingaza.
Cabe resaltar que la mayoría de los datos y resultados de los proyectos de conservación de las empresas privadas son autorreportados, es decir, no han sido verificados de manera independiente. Esa falta de verificación es justamente lo que alimenta el debate sobre el greenwashing: la práctica de presentar una imagen ambientalmente responsable que no siempre se corresponde con la realidad. Para Carolina Gil, directora regional de Amazon Conservation Team Colombia, la diferencia se puede establecer con un criterio sencillo:
“Hay esfuerzos empresariales serios y también hay greenwashing. Para diferenciarlos hay una pregunta sencilla: ¿la política ambiental cambia realmente la manera en que la empresa hace negocio? No basta con sembrar árboles o financiar una campaña. Hay que mirar toda la cadena: materias primas, agua, energía, residuos, emisiones, biodiversidad y qué pasa con el producto después de consumirlo. Si la sostenibilidad transforma sus decisiones y sus resultados son medibles y verificables, estamos hablando de algo mucho más serio”.