Diálogo, saberes académicos y movimientos sociales: trasvase río Guarinó

Teresita Lasso Amézquita

Uno de los casos de intervención del Observatorio de Conflictos Ambientales (OCA) es el seguimiento a la gestión al trasvase del río Guarinó al río La Miel, que hace parte del complejo hidroeléctrico del Oriente de Caldas.

Caldas tiene en el Oriente el potencial ambiental más significativo del departamento, de donde, paradójicamente, nace su vulnerabilidad y riesgo. Es la región de mayor potencial en biodiversidad y en fuentes hídricas de la vertiente del Magdalena, y su ubicación en el centro mismo del país, la convierten en una región geopolíticamente estratégica y por tanto presa de grandes intereses económicos y políticos nacionales e internacionales.

El paradigma que le da viabilidad a estas propuestas de desarrollo económico y progreso, es el de 'naturaleza-objeto', consolidado a través del mito del 'estructuralismo hidráulico', representado en las grandes infraestructuras como factor de crecimiento económico para la región y asociado directamente a la legitimidad política, por su gran visibilidad y movilidad empresarial. El modelo genera distorsiones en la región donde se instala, equiparando política económica con infraestructura, en el cual, el proceso de desarrollo regional y el ordenamiento de cuencas acaban actuando como instrumentos directos e indirectos de defensa y potenciamiento de la inversión en infraestructura, que se ve como elemento aglutinador del desarrollo endógeno.

Se pierde de vista que, por el contrario, estos proyectos son foráneos e impuestos y producen grandes desequilibrios en procesos de todo tipo al excluir de su dinámica a gran parte del territorio-cuenca. La resistencia a dichos megaproyectos ha sido una constante histórica. Las comunidades no tienen más alternativas que, o perder sus tierras y su cultura o defender su modo de vida y el patrimonio de sus generaciones.

El proyecto del Transvase del río Guarinó al río La Miel, responde a este contexto. Los conflictos jurídicos y sociales evidenciados y las consecuencias ambientales derivadas del mismo son una variable que se reporta en dichos modelos de desarrollo.

Sin embargo, las particularidades del conflicto, las respuestas institucionales, la acción de las comunidades, el papel de la academia y los intereses y derechos que entran en juego tras estas discusiones académicas, públicas y políticas, son aspectos que deben ser sistematizados y comprendidos socialmente porque constituyen un punto de referencia para casos similares como el naciente conflicto ambiental asociado al proyecto hidroeléctrico del Quimbo – Huila, Hidrosogamoso – Santander, Pescadero Ituango – Antioquia y marco para evaluar políticas energéticas y ambientales. La defensa del río Guarinó, se caracterizó por ser una defensa y protección técnica en los aspectos jurídico, social, ecosistémico y geológico. El papel de la academia, representada en el equipo del OCA, fue el de conciliar el saber de las comunidades, impactar con argumentos técnicos y consolidar herramientas probatorias durante los procesos administrativos y judiciales. Esta acción dejó en evidencia grandes debilidades de los Estudios de Impacto Ambiental, y puso sobre la mesa el derecho a la información. Este movimiento ambiental logró la suspensión de la licencia por poco más de dos años, demostró la carencia de estudios de problemas del suelo y la ausencia de estudios que permitieran medir y garantizar el caudal hídrico sostenible para los diversos consumos.

Es cierto que, a pesar del esfuerzo, la licencia para el transvase del río siguió su curso. Pero la intervención ciudadana obtuvo logros significativos para la región, como el cambio en el porcentaje mínimo de caudal hídrico del río Guarinó que pasó de 4m3/s del proyecto original a garantizar 15.8 m3/s en meses secos y 10.5 m3/s en meses húmedos.

El Ministerio de Ambiente se vio en la necesidad de imponer obligaciones adicionales a la empresa , medir mejor los impactos y adelantar obras de mitigación. También, medidas como la reforestación de la cuenca, que lideraron Isagen , Corpocaldas y el Plan de Paz del Magdalena Centro y que Corpocaldas, Cortolima y CorMagdalena acordaran hacer el Plan de Manejo de la Cuenca del río Guarinó.

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