Ecología cotidiana: cómo cuidar el planeta desde el hogar

Harold H. Hernández

Hoy por hoy resulta impensable que algún habitante de nuestro planeta no se haya enterado que vivimos una crisis ambiental profunda. Los ambientalistas plantean que una de las principales causas de esta degradación ambiental es la economía de consumo en la que estamos inmersos.

Cada día consumimos más productos, muchos de ellos innecesarios (al menos no son necesidades básicas: como algunos vehículos, electrodomésticos, entre otros), o son necesidades infundadas por mecanismos publicitarios.

Obviamente, un alto consumo conlleva a un alto volumen de descarte o desecho. En una ciudad como Pereira, por ejemplo, se generan cerca de 0,4 kilogramos de residuos sólidos por persona diariamente (aproximadamente 200 toneladas diarias que equivale a unos 6.000 toneladas mensuales). Pero hay un detalle incluso más preocupante. Más del 30% son materiales recuperables como papel, cartón, plástico y chatarra; y más de la mitad son residuos orgánicos biodegradables (que pudieran ser compostados y reutilizados como abono).

Es evidente como estamos desechando y enviando al relleno sanitario muchos recursos que podrían generar ingresos económicos, empleo y disminuir la presión sobre recursos naturales renovables (como agua y madera) y no renovables (como petróleo, minerales, suelo, entre otros). Otra arista de esta problemática tiene que ver con el desconocimiento y desinterés de las personas por las características de lo que están comprando, incluso lo que están comiendo.

En el mundo moderno, y concretamente desde los años 70 cuando se inicia la revolución verde en la agricultura (que implica cultivar con insumos y abonos químicos para aumentar la productividad y el rendimiento de cosechas), la gran mayoría de alimentos que consumimos contienen trazas de productos químicos responsables en un alto porcentaje de generar anomalías en el organismo como: alergias, obesidad e incluso cáncer. Algunas golosinas contienen sustancias que en algunos países (como Suecia, Finlandia y Noruega) han sido prohibidas, pero no en países de América Latina, como el nuestro.

En Colombia se utilizan colorantes, conservantes, saborizantes y acidulantes artificiales (como la tartracina o amarillo N°5 o E102, benzoato de sodio, azúcar refinado y ácido fosfórico, respectivamente) con algunas regulaciones insuficientes de tipo sanitario o ambiental. Estas sustancias pueden producir en los niños malformaciones, trastornos del comportamiento, problemas en su crecimiento, sobrepeso e incluso adicciones futuras. Muchos se preguntarán: ¿cómo ayudar a solucionar un problema desde lo cotidiano que tiene implicaciones mundiales? Estas son algunas pequeñas grandes acciones que podemos emprender desde casa:

Fijarse en lo que se consume
Al comprar, verifiquemos que los alimentos no contienen colorantes, acidulantes ni conservantes artificiales.

Apoyar la economía local
Si compramos productos generados en nuestra misma región, apoyamos el empleo local se evita el uso innecesario de transporte de mercancías.

Antes de comprar, pensar si realmente se necesita
No nos dejemos seducir por campañas publicitarias para comprar, por ejemplo, un nuevo auto, el celular de moda o un computador más moderno.

Más tareas para preservar el medio ambiente
Evitar los empaques: Cuando vayamos al supermercado o a la tienda de nuestro barrio, llevemos nuestra propia bolsa para mercado (de tela, un canasto o algunas bolsas del mercado anterior), o simplemente rechacemos las bolsas cuando son innecesarias. También se debe analizar lo que se va a desechar porque puede servirle a alguien más, o si está dañado pueda tener arreglo.