Comercio

El verdadero costo económico de mover y repartir una tonelada de donaciones

Gráfico LR

Aunque las fundaciones reciben los productos donados, la logística para entregar los donativos genera ciertos gastos

Isabella Rodríguez Ángel

La labor de las organizaciones que reciben y reparten donaciones implica un trabajo logístico que va mucho más allá de simplemente recibir una caja y entregarla.

Aunque la comida, la ropa o los artículos de primera necesidad lleguen a las manos de una fundación de forma gratuita por parte de las empresas, mover una tonelada de esos productos desde el punto de origen hasta las comunidades que lo necesitan cuesta dinero real que las fundaciones deben pagar de su propio bolsillo.

Los balances de la Asociación de Bancos de Alimentos de Colombia, Abaco, y de la Red Global de Bancos de Alimentos, Global FoodBanking Network, demuestran que, sin una infraestructura financiada, las donaciones se quedarían estancadas en los centros de producción.

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Para entender de dónde salen estos gastos, los reportes operativos sectoriales explican que el proceso tiene varias paradas obligatorias que generan facturas inmediatas:

Primero, hay que mandar camiones por la mercancía, lo que consume combustible y requiere conductores, un gasto que el Ministerio de Transporte vigila de cerca mediante los costos de referencia por tonelada para carga pesada. Luego, al llegar a las bodegas de la fundación, se necesita personal o voluntarios para revisar los productos uno por uno, separar lo que sirve de lo que está dañado y registrar los vencimientos para cumplir con las exigencias de salubridad de los ministerios de salud locales.

Los informes de gestión de estas entidades reflejan que mantener las bodegas abiertas, pagar la luz para los cuartos fríos donde se guardan los alimentos dañables y comprar cajas o bolsas para reempacar todo suma una parte importante del presupuesto.

En Colombia operan al menos 25 bancos de alimentos dedicados a la seguridad alimentaria, cuyos directivos señalan con frecuencia que, si una tonelada de ayuda se va a repartir en una zona rural alejada o con carreteras en mal estado, el gasto en gasolina y el desgaste de los vehículos puede llegar a duplicarse en comparación con una entrega dentro de la misma ciudad.

A todo esto se suman los gastos de administración, que incluyen el pago de los seguros de los camiones, los sueldos del personal fijo que organiza las rutas y los implementos de limpieza necesarios para cumplir con las normas del gobierno.

LOS CONTRASTES

  • Juan Carlos BuitragoDirector ejecutivo de Abaco

    "Contamos con una red de 1.600 compañías aliadas, que nos ayudan a darle alimentos a 1,16 millones de personas en condiciones de vulnerabilidad. Esto lo hacemos de manera recurrente todo el año y cuando hay emergencias, lo que hacemos con nuestras empresas donantes es levantarles las manos, para decirles que necesitamos un poco más de donaciones".

El propio Estatuto Tributario nacional reconoce el peso de estos procesos en sus reformas más recientes, otorgando beneficios fiscales especiales a las empresas no solo por el valor de la comida que entregan, sino también por asumir los costos de transporte de esos bienes. Si alguna parte de la donación se daña durante el viaje o vence antes de tiempo, el costo de haber movido ese producto inservible también lo termina absorbiendo la fundación, lo que eleva el valor real de cada kilo que sí llega a buen destino.

Para cubrir todos estos gastos y seguir operando, las fundaciones no venden los productos, pero sí suelen pedir a las pequeñas escuelas, comedores comunitarios o iglesias que reciben la ayuda una pequeña contribución económica, conocida como cuota de recuperación.

Este dinero, sumado a los aportes en efectivo que hacen ciudadanos o empresas solidarias, es lo que permite pagar las facturas del transporte y el almacenamiento, logrando que una tonelada de donaciones se convierta en una ayuda real para la gente.

Tomando en cuenta todos estos mercados, se concluye que entregar una tonelada de donaciones le cuesta a una fundación entre $600.000 a $1.200.000 millones, según los reportes de Abaco y la Red Global de Bancos de Alimentos. Aunque los productos son gratis, la organización debe pagar de su propio bolsillo el camión y la gasolina para recogerlos, la luz de los cuartos fríos para que la comida no se dañe, y el pago del personal que revisa que todo esté en buen estado.

Para cubrir estas facturas, las fundaciones usan donaciones de dinero en efectivo y piden una pequeña cuota de apoyo a los comedores comunitarios que reciben la ayuda.

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