La gastronomía local le da oportunidades laborales a las poblaciones vulnerables

En el programa participarán algunas víctimas de la drogadicción.

César D. Rodríguez Flórez - cdrodriguez@larepublica.com.co

Con el firme propósito de brindar una nueva oportunidad a los jóvenes y adultos de poblaciones que son actualmente vulnerables o que se han víctimas de la drogadicción, actualmente en Bogotá existe una entidad que decidió rehabilitarlos y ofrecerles la oportunidad de rehacer su vida social y poder trabajar nuevamente.

Se trata de la Fundación Anna para el Intercambio Cultural, entidad que nació en 2004, pero que desde hace dos años se propuso esta meta en la capital del país, especialmente con jóvenes que fueron desalojados de El Bronx y que han querido dejar atrás el entorno en el que vivieron durante años.

Tras rehabilitarse con la fundación, estos jóvenes han tenido la oportunidad de emprender un nuevo camino e incluso tener un trabajo en establecimientos comerciales de la ciudad, en donde se desempeñan como meseros o ayudantes de cocina.

“Soy una convencida que cada uno tiene que contribuir con el sitio y el entorno en el que vive, porque todos somos parte de una mismas comunidad y no todas las responsabilidades las tiene el estado, el distrito o la entidad pública”, expresó Natalia Carreño Pombo, gestora de esta iniciativa en la entidad sin ánimo de lucro.

Recalcó que como ciudadanos se tiene como deber el buscar bienestar, por lo cual el enfoque del proyecto también ha sido crear empresa para el desarrolla de la ciudad. “Lo que queremos es incluso crear una zona nueva de empleo, generando oportunidades diferentes a las habituales para poblaciones que tienen menos posibilidades de emplearse o de ser aceptados en ese sector”, dijo Natalia Carreño Pombo.

¿Cómo funciona?
A través de la fundación los jóvenes reciben formación y capacitación muy atada a temas lúdicos, con lenguaje común, con el fin de desarrollar competencias como la capacidad de escucha, el trabajo en equipo y la adaptación a la vida en comunidad para que vuelvan a ser miembros activos de ella.

Posteriormente, los involucrados en el programa pasan a ser parte de un equipo laboral en los establecimientos comerciales de comida en los que tendrán la oportunidad de interactuar mucho más con los clientes.

“Ese es el tipo de empleo y oportunidad que nosotros abrimos de la mano con entidades públicas para abrirle la puerta a estas personas”, apuntó la gestora, Carreño Pombo.

¿Tienen contrato especial?
Según la Fundación, cada uno de los jóvenes que reciban la oportunidad de trabajar en los establecimientos un contrato de trabajo fijo, bajo las normas legales y sin ninguna restricción.

Según la gestora social, los únicos casos en los que podría cambiar el tipo de contrato serían en los que estuvieran involucrados algunos menores de edad, quienes no pueden trabajar el mismo tiempo y además necesitan autorización por parte de un pariente o adulto responsable a su cargo de ellos.

Asimismo, destacó que “normalmente las personas que ayudamos son jóvenes, por eso la facilidad para que entren a este mundo laboral, quizás a las personas más adultas les sea más difícil adaptarse a una nueva oportunidad laboral como esta”, apuntó.

La respuesta del público
De acuerdo con a los administradores o socios de los restaurantes en los que estos jóvenes han tenido la oportunidad de trabajar, la gente que es atendida por ellos ni lo percibe, “ellos vuelven a hacer parte de una sociedad en la que, pese a que existe la discriminación y diversos problemas, se sienten como cualquier otro. Por eso es fundamental que se abran estas puertas. Esperamos que siga siendo imperceptible”, manifestó.

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