Por cada US$1 para proteger la naturaleza, US$33 financian actividades que la perjudican
miércoles, 14 de octubre de 2026
Los ecosistemas de agua dulce presentan el mayor deterioro mundial. Las poblaciones monitoreadas en estos ambientes disminuyeron 85%, frente a 69% en los terrestres y 59% en los marinos
Las lluvias de octubre deben atesorarse para no echarle la culpa a El Niño
Es un hecho comprobado, con datos meteorológicos, que si bien en junio, julio, agosto y septiembre hubo precipitaciones, estas no fueron significativamente superiores a las de hace un año, y que sigue muy vigente el pronóstico de un fenómeno de El Niño severo, aunque las lluvias de octubre enmascaren los vaticinios de los principales centros climáticos. Lo que hay que hacer ahora es cuidar el agua que cae en abundancia por estos días para no lamentar las sequías.
La riqueza natural de América Latina y el Caribe está bajo presión. Entre 1970 y 2022, el tamaño promedio de las poblaciones de animales silvestres monitoreadas cayó 95%, el mayor descenso entre las regiones analizadas por el Fondo Mundial para la Naturaleza, WWF, en su Informe Planeta Vivo 2026.
La cifra supera la reducción mundial de 73% y muestra la gravedad del deterioro en una región que reúne a seis de los siete países megadiversos del continente americano. El indicador mide los cambios en las poblaciones estudiadas; no significa que haya desaparecido 95% de los animales ni de las especies.
Detrás de este resultado hay bosques convertidos en tierras de cultivo o ganadería, humedales deteriorados y ríos intervenidos por presas. A estas presiones se suman la explotación excesiva de especies, el cambio climático y las enfermedades, que pueden actuar al mismo tiempo y hacer más difícil la supervivencia de los animales.
La comparación con otras regiones muestra la magnitud del problema. África registró una caída de 80% y Asia-Pacífico, de 49%. En Estados Unidos y Canadá, el descenso fue de 28%, mientras que en Europa y Asia Central llegó a 23%. Sin embargo, el informe aclara que estas últimas regiones ya habían sufrido grandes pérdidas antes de 1970, el año utilizado como punto de partida.
Los ecosistemas de agua dulce presentan el mayor deterioro mundial. Las poblaciones monitoreadas en estos ambientes disminuyeron 85%, frente a 69% en los terrestres y 59% en los marinos. El estudio reúne 35.803 tendencias de poblaciones de 5.790 especies de mamíferos, aves, anfibios, reptiles y peces.
El problema también está en el destino del dinero. Según el documento, en 2023 se dirigieron US$7,3 billones a actividades perjudiciales para la naturaleza, mientras que la protección y restauración recibieron US$220.000 millones. Esto equivale a cerca de US$33 destinados a actividades que dañan el entorno por cada dólar invertido en recuperarlo.
La producción de alimentos y energía ocupa un lugar central en esta presión. El informe identifica a la agricultura como la principal causa de pérdida y deterioro de los hábitats. Además, la quema de carbón, petróleo y gas genera cerca de tres cuartas partes de las emisiones de gases de efecto invernadero, que impulsan el cambio climático.
Aunque el panorama es preocupante, algunos resultados muestran que la conservación puede funcionar. La población de tigres salvajes aumentó 70% desde 2010 y los atunes rojos del Atlántico y del Pacífico han mostrado recuperación tras la sobrepesca.
Otro avance llegó en 2025, cuando la tortuga verde pasó de la categoría “en peligro” a “preocupación menor”. El cambio fue resultado de unos 50 años de trabajo en más de 80 países donde la especie pone sus huevos.
América Latina también tiene ejemplos. En el Canal de Panamá, las rutas específicas para los buques y los límites de velocidad redujeron 93% la probabilidad de colisión con ballenas en dos años. En la Amazonía peruana de Madre de Dios, cámaras de monitoreo identificaron 75 jaguares entre 2023 y 2024.
“La biodiversidad continúa degradándose a un ritmo alarmante. Sin embargo, en medio de estos fuertes descensos, hay motivos para la esperanza”, afirmó Kirsten Schuijt, directora general de WWF Internacional.
Para ampliar estos resultados, el organismo propone cambiar antes de 2030 la forma de producir alimentos y energía, así como el destino de las inversiones. Entre las medidas plantea revisar subsidios, impulsar compras públicas sostenibles y aumentar la participación de las comunidades indígenas y locales. La recuperación de las especies puede tomar décadas, por lo que mantener los recursos y los esfuerzos será clave.