Trabajo para formar a los empresarios del campo

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El agro requiere mayores inversiones público y privadas

Mónica Contreras

La demanda de alimentos crece de manera acelerada en el país. Es por esto que propiciar sistemas agrícolas y alimentarios más incluyentes, eficientes y que procuren el cuidado del medio ambiente, es el mayor reto que tienen los pequeños agricultores para mejorar su capacidad de inserción, negociación e impacto en el mercado.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), identificó que pasar de una agricultura de subsistencia a una comercial, es uno de los principales desafíos para que los agricultores logren integrarse a la cadena de valor.

El Día de la Tierra se convierte en una oportunidad para hacer un llamado a recordar que el trabajo, cuidado y conservación de nuestras tierras es responsabilidad de todos los sectores y actores. Así mismo, materializar la viabilidad del campo colombiano, y nuestros agricultores, depende enormemente del desarrollo sostenible que propiciemos entre el sector privado, público y nuestros campesinos colombianos.

No es un secreto que la migración del campo a las ciudades ha venido en aumento desde hace unos años, razón por la cual se han creado nuevas pautas de consumo debido al aumento en la demanda de alimentos y a la reducción de manos para abastecer al mercado. Prueba de esto son los resultados de la última encuesta del Dane, que aseguran que 77% de los colombianos reside en las ciudades y 23% restante en el campo. Esto, sin duda ha planteado nuevos e importantes retos para el sector privado, quienes debemos crear nuevos modelos de abastecimiento que nos permitan cerrar la brecha existente entre la demanda y la oferta, y al mismo tiempo posibilitar crecimientos sostenibles trabajando de la mano con nuestros agricultores locales.

Para alcanzar este desarrollo en el campo, como empresas privadas podemos aportar desde nuestros proyectos que impulsan el desarrollo social y económico de la región, promoviendo así la seguridad alimentaria, creando procesos de inclusión tanto para el campesino colombiano como para sus familias; con la oportunidad de gozar de una política de incentivos y estímulos.
Es aquí, en estos lugares, donde desde las compañías podemos cumplir nuestro rol fundamental para generar un cambio real y sostenible en el tiempo, en el que el campesino sienta el apoyo del sector privado y pase de ser un agricultor a un empresario del campo y un aliado par de las grandes compañías.

Sumado a lo anterior, el pequeño agricultor necesita avanzar hacia un producto de mayor rentabilidad y competitividad, proporcionando a la empresa privada nuevas fuentes de abastecimiento confiable que le garanticen el suministro. Los campesinos deben tecnificarse, obteniendo sistemas de riego eficientes, buenas prácticas agrícolas y mecanización, que permitan aumentar su productividad, y a su vez desarrollarse organizacionalmente; esto trabajando de la mano con otros agricultores.
Para esto, se puede recurrir a la constitución de negocios inclusivos; iniciativas empresariales económicas, ambientales, y socialmente responsables y rentables, donde se articulen modelos de mercados que tengan un mayor impacto en los territorios en donde se trabaja, respondiendo así a las necesidades de abastecimiento y conservación medio ambiental, garantizando la sostenibilidad.

En este sentido hacemos un llamado al sector público para que inviertan en estas zonas que por años carecieron de su presencia y generar así alianzas público privadas. El sector privado tiene la responsabilidad de llevar modelos de innovación. En este trabajo conjunto, tenemos una responsabilidad en intervenir en las diferentes etapas de la cadena de valor, de manera tal que se puedan definir objetivos para generar desarrollos con la comunidad, incluyéndolos y forjando un trabajo que beneficie a todas las partes.

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