Violencia de género digital
viernes, 20 de marzo de 2026
Periodistas, investigadoras, profesoras universitarias, abogadas, consultoras, lideresas sociales, funcionarias públicas, emprendedoras, activistas, comunicadoras o creadoras de contenido dependen de las redes sociales para posicionar su trabajo
Natalia Escobar
Durante mucho tiempo pensamos la violencia contra las mujeres como un problema del ámbito privado o de la seguridad personal. Hoy también es evidente que es un problema laboral.
En muchos trabajos la presencia digital ya no es opcional. Periodistas, investigadoras, profesoras universitarias, abogadas, consultoras, lideresas sociales, funcionarias públicas, emprendedoras, activistas, comunicadoras o creadoras de contenido dependen de las redes sociales para posicionar su trabajo y construir reputación profesional. La visibilidad digital hace parte del trabajo.
Pero esos mismos espacios también se han convertido en escenarios donde se reproduce y muchas veces se intensifica la violencia contra las mujeres. Datos del Observatorio para la Equidad de las Mujeres de la Universidad Icesi y la Fundación WWB Colombia muestran la magnitud del problema: en un estudio realizado en Medellín, Cali y Bogotá, 53% de las mujeres empresarias y trabajadoras encuestadas afirmó haber experimentado algún tipo de violencia de género en línea. El acoso persistente, el hostigamiento sexual, las campañas de desprestigio, la difusión de información personal, la suplantación de identidad o el robo de cuentas son formas cada vez más comunes de agresión en línea. También se reportan perfiles falsos o difusión de contenido íntimo sin consentimiento. Con el desarrollo de herramientas de inteligencia artificial han aparecido nuevas modalidades, como la creación de imágenes íntimas falsas o los llamados deepfakes sexuales, videos manipulados para hacer parecer que una persona hizo o dijo algo que nunca ocurrió.
Estas violencias no solo afectan la vida personal de las mujeres. También impactan sus condiciones de trabajo, sus trayectorias profesionales y su posibilidad de sostener una presencia pública en los espacios donde hoy se construye buena parte de la vida laboral. A pesar de su magnitud, muy pocos casos llegan a las autoridades: menos de 8% de las mujeres que han vivido violencia digital reportan haber acudido a alguna instancia institucional.
En muchos campos profesionales la reputación es un activo central. Cuando circulan rumores, imágenes manipuladas o campañas de hostigamiento digital, la credibilidad de una mujer puede verse afectada. Muchas terminan reduciendo su participación en redes, evitando ciertos temas o retirándose del debate público para protegerse.
Además, estos ataques tienen un componente claramente marcado por el género. Mientras que los hombres suelen ser criticados por sus decisiones o posiciones, las agresiones contra las mujeres con frecuencia se centran en su apariencia, su vida privada o su sexualidad. No es raro ver campañas de insultos sobre el cuerpo de una periodista o la difusión de fotos íntimas -reales o manipuladas- para desacreditar a una lideresa.
Esto es especialmente evidente en las economías digitales emergentes. Muchas formas de trabajo dependen de la visibilidad en plataformas, pero esa visibilidad implica para las mujeres un riesgo mayor de hostigamiento, sexualización o ataques coordinados.
La violencia digital no es solo un problema de redes sociales. En un mundo donde cada vez más trabajos pasan por lo digital, estas agresiones terminan definiendo quién puede hablar, quién puede sostener una presencia pública y quién puede construir una trayectoria profesional sin pagar un costo desproporcionado. Si los entornos digitales se vuelven espacios hostiles para las mujeres, también se reducen sus posibilidades de participar plenamente en los ámbitos donde hoy se construyen reputaciones, oportunidades y liderazgo.
Enfrentar la violencia de género en internet no es solo una cuestión de convivencia en redes: es una condición básica para que las mujeres puedan trabajar y participar en igualdad.