Y de la responsabilidad social personal, ¿qué?

César Augusto Betancourt

Una palabra que recientemente ha estado en labios de políticos, economistas, etc., es: desigualdad.

Colombia es, hoy por hoy, según Naciones Unidas (informe de final del año anterior) el tercer país más desigual del mundo. En otras palabras, utilizando el lenguaje olímpico, somos medalla de bronce a nivel mundial en desigualdad. A comienzos de año, al referirse a esta noticia, el presidente Juan Manuel Santos dijo: 'esto es una vergüenza'. En el libro 'Algo anda mal' de Tony Judt, el escritor inglés se refiere a la desigualdad estableciendo una comparación entre Europa y EE.UU. Traigo a colación dos párrafos del libro, porque me parecen aleccionadores pensando en nuestra situación.

Dice Judt ( páginas 31 y 33): ?Así pues, la desigualdad no solo es poco atractiva en sí misma; está claro que se corresponde con problemas sociales patológicos que no podemos abordar si no atendemos a su causa subyacente. Hay una razón por la que la mortalidad infantil, la esperanza de vida, la criminalidad, la población carcelaria, los trastornos mentales, el desempleo, la obesidad, la malnutrición, el embarazo de adolescentes, el uso de drogas ilegales, la inseguridad económica, las deudas personales y la angustia están mucho más marcados en EE.UU. y el Reino Unido que en Europa Continental. Cuanto mayor es la distancia entre la minoría acomodada y la masa empobrecida, más se agravan los problemas sociales, lo que parece ser cierto tanto para los países ricos como para los pobres. No importa lo rico que sea un país, sino lo desigual que sea. Así, en Suecia o Finlandia, dos de los países más ricos del mundo en cuanto a su renta per cápita o a su PIB, la distancia que separa a sus ciudadanos más ricos de los más pobres, es muy pequeña, y siempre están a la cabeza en los índices de bienestar mensurable.

Si nos atenemos a la enumeración que hace Judt sobre las consecuencias de la desigualdad, vemos que el panorama es muy parecido al que vivimos en Colombia. Son realidades que viven muchos de nuestros compatriotas y que están saliendo diariamente en los medios de comunicación. La desigualdad es un tema gordo que hay que resolver si queremos una paz real, verdadera; que es un objetivo deseado por todos. Podríamos decir: ¿qué hacer?, ¿cómo construir una sociedad más equitativa?. La primera palabra la tienen el Gobierno y los empresarios. Hoy, se habla mucho de la Responsabilidad Social del Estado y también de la Responsabilidad Social Empresarial o como se le quiera llamar. Pero, ¿dónde queda?, ¿qué papel juega el ciudadano de a pie?. Hablamos mucho de participación ciudadana; ¿por qué no hablar más de responsabilidad social personal?. En estos días, un empresario paisa con un profundo compromiso social, me decía: 'si cada uno de nosotros hace todo lo que puede hacer desde su metro cuadrado, este país cambia'.

Es una verdad de a puño; ordinariamente gastamos energías en críticas poco constructivas, en quejas, al ver que muchas cosas no funcionan; y no pasamos de allí. Qué tal si empleáramos esas mismas energías en ver cómo podemos aportar a la solución de los problemas sociales, de acuerdo a nuestras posibilidades, y trabajar ya sea individualmente o uniéndonos. Amigo lector, si usted ha llegado a esta altura del artículo, le agradezco su paciencia y lo animo a que se comprometa con alguna iniciativa que ayude a construir una sociedad más equitativa. Una gran revolución social a partir de una persona Un caso paradigmático que es ejemplo de cómo una sola persona puede generar una revolución social que beneficie a millones. Me refiero al profesor Muhammad Yunus, premio Nobel de la Paz en 2006, quien creó el microcrédito y fundó el Grameen Bank ( sin ser banquero), a través del cual han recibido crédito millones de personas en todo el mundo que, de otro modo, no lo hubieran tenido nunca.