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De medir a cambiar hábitos, así operan las apps con IA que enseñan cómo dormir mejor

Gráfico LR

De acuerdo con una encuesta de McKinsey & Company a 196 líderes empresariales, 43% no duerme lo suficiente al menos cuatro noches por semana

Sara Ibañez Pita

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En muchas empresas, responder correos pasada la medianoche o tomar el primer vuelo del día todavía se ve como señal de compromiso. Esas horas que se le quitan al descanso rara vez quedan registradas en la agenda, pero con el tiempo se notan en la paciencia, en la memoria y en la forma de decidir.

De acuerdo con una encuesta de McKinsey & Company a 196 líderes empresariales, 43% no duerme lo suficiente al menos cuatro noches por semana y 66% está insatisfecho con las horas que descansa. Buena parte de ese déficit tiene que ver con la cultura laboral, teniendo en cuenta que al menos 47% siente que su organización espera que esté disponible demasiado tiempo.

Cuando el cansancio se vuelve rutina, la búsqueda de una salida suele convertirse en un ensayo y error que pasa por audios para relajarse, consejos de internet, suplementos y aplicaciones que registran cada noche. Por eso, algunas de estas herramientas ya no se limitan a medir el sueño, sino que intentan cambiar los hábitos que lo afectan.

Dentro de ese grupo está Rest, una app que nació casi por accidente cuando el equipo del ingeniero argentino Martín Siniawski notó que muchos usuarios utilizaban su aplicación de podcast en la noche para dormirse o para volver a conciliar el sueño en la madrugada. Eso los llevó a producir audios para dormir y luego a preguntarse por qué a tantas personas les costaba descansar.

Según explicó Siniawski, CEO de la compañía, encontraron que había gente que "llevaba años buscando una solución, probando una cosa tras otra" y que por eso quisieron "entender qué había detrás de esas dificultades y qué enfoques contaban con evidencia".

Rest

Como resultado, crearon un programa que se basa en principios cognitivo-conductuales, neurociencia y biología circadiana, el cual fue desarrollado con especialistas en sueño e investigadores de la Universidad de California en San Francisco. Con este método, el usuario lleva un diario de sueño y conversa a diario, por escrito o por voz, con un asistente de inteligencia artificial que aprende de sus patrones y le sugiere cambios en sus rutinas.

Que el foco esté en los hábitos y no solo en las horas tiene que ver con la manera en que el sueño afecta al cerebro. Paola Sarmiento, enfermera y profesora de la Facultad de Ciencias de la Vida y el Bienestar de la Universidad de La Sabana, explicó que un adulto de entre 18 y 64 años debería dormir entre siete y nueve horas; por lo que quien duerme menos, "mas aún si su sueño no fue reparador, puede disminuir su capacidad de regular las emociones, mantener la atención y tomar decisiones de forma reflexiva".

Ese deterioro se origina en el área frontal del cerebro, donde, de acuerdo con la experta, se resienten la atención y la memoria y los pensamientos se procesan con más lentitud. Para compensarlo, el cerebro "recurre a decisiones más rápidas, como las intuitivas, tal vez sin tanto análisis de las consecuencias", un riesgo que en un cargo directivo puede pesar en una negociación o una inversión.

Ahora bien, como el programa gira en torno a esas conversaciones diarias, la llegada de Rest a la región exigió más que una traducción y llevó al equipo a ajustar el lenguaje con especialistas y hacer pruebas con usuarios para que el asistente reconozca el país de cada persona. En Colombia, esto permitió que la app use el "tú" y palabras como "trasnochar", "madrugar" o "de pronto".

La compañía, que reporta más de 100.000 descargas, publicó un análisis con 318 usuarios que completaron ocho semanas del programa. En ese grupo, el tiempo promedio para conciliar el sueño bajó de 28 a 13 minutos, el tiempo despierto durante la noche pasó de 56 a 29 minutos y la eficiencia del sueño (la proporción del tiempo en la cama que efectivamente se duerme) subió de 75% a 88%.

El mismo análisis mostró que el tiempo total de sueño apenas subió de seis horas y 15 minutos a seis horas y 34 minutos, todavía por debajo del mínimo que recomiendan las guías. Al respecto, Sarmiento advirtió que esa brecha refleja lo difícil que es cambiar las costumbres de la noche como usar pantallas antes de dormir, trabajar desde la cama o no tener una habitación totalmente oscura, que "pueden tener un impacto en la atención, la memoria de trabajo, el análisis de la información y hasta en el control de impulsos".

Lo que cada persona pierde en sueño también se siente en la economía. Un estudio de Rand Europe calculó que la falta de sueño le cuesta a Estados Unidos hasta US$411.000 millones al año, equivalente a 2,28% de su PIB. Le sigue Japón, con US$138.000 millones; Alemania, con US$60.000 millones; y Reino Unido, con US$50.000 millones. En Colombia, el Consejo Colombiano de Seguridad estima que cerca de 27% de la población tiene algún trastorno del sueño.

Con o sin tecnología, Sarmiento insistió en que la cantidad de horas debe ir de la mano de la calidad, pero que esta depende de cuidar la comida, evitar las pantallas, hacer actividad física y procurar que durante la noche "la habitación sea oscura, la pijama y la ropa de cama sean las más cómodas de acuerdo con el gusto de cada persona y haya un ambiente tranquilo.

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