El próximo salto de la salud está en los datos
viernes, 24 de julio de 2026
Aunque las organizaciones hoy en día producen cada vez más información, el verdadero desafío está en conectarla y garantizar que sea útil con el objetivo de mejorar la gestión y la toma de decisiones
Dorian Rallón
En julio, el centro de pensamiento Así Vamos en Salud encontró que las cuentas por pagar que reportan las EPS y las cuentas por cobrar que reportan las IPS no coinciden, y que Nueva EPS, la aseguradora más grande del país, apenas entregó los estados financieros de 2023 y 2024, tras años sin reportarlos, mientras las cuentas de 2025 y 2026 están pendientes. La deuda del sistema ya supera los US$41,5 billones, pero nadie puede decir con exactitud cuánto le corresponde a cada actor implicado. No es un problema de escasez de datos. Es un problema de que esos datos no sirven para decidir.
Esta paradoja no es exclusiva de la salud: se repite en cualquier organización que dependa de datos para funcionar. Por ejemplo, en la banca, un cliente repite el mismo trámite de vinculación en cada producto porque los sistemas no se hablan entre sí. En el comercio y la manufactura, una empresa pierde ventas porque el inventario de la tienda no coincide con el del centro de distribución. En una entidad pública, un mismo trámite se atasca porque dos oficinas manejan versiones distintas del mismo dato. El informe State of AI 2026, de Deloitte, encuestó a más de 3.200 líderes empresariales y tecnológicos en 24 países y llegó a una conclusión que aplica a cualquier sector: el reto ya no es conseguir más herramientas ni más información, sino activarlas en los procesos y en las decisiones del día a día. El mismo informe halló que 84% de las organizaciones en el mundo no ha rediseñado sus procesos para aprovechar esa información.
La gobernanza es la pieza que falta si se tiene en cuenta este aspecto. Que un dato sirva significa lo mismo en cualquier sector: que la información relevante esté disponible para quien debe decidir, en el momento exacto en que la necesita, sin que nadie tenga que repetirla. En salud, por ejemplo, significa que un médico no repita un examen porque no puede ver el de otra institución, o que un hospital sepa con certeza cuánto le deben y cuándo cobrar. Colombia ya demostró que sabe construir infraestructura para mover información: el estándar HL7 Fhir, que hoy transporta los RDA, es prueba de ello. Falta extender esa misma disciplina a los datos financieros y administrativos, propios de la salud y de cualquier otra industria, donde todavía persisten planillas sueltas y cifras que no cruzan entre sí.
Para las juntas directivas y los equipos gerenciales, la lección es de gestión, no de tecnología. Ninguna plataforma de inteligencia artificial mejora una decisión construida sobre datos incompletos o desactualizados. La prioridad debería ser nombrar responsables claros de la calidad del dato, definir con qué frecuencia se concilia la información entre las partes y medir, mes a mes, cuánta de esa información se traduce en decisiones: menos reprocesos, pagos más ágiles y alertas tempranas. Esa disciplina se aplica igual en un banco, una fábrica o una entidad pública que en una clínica o un hospital.
La Organización Mundial de la Salud advirtió este año que menos de un tercio de los países cumple sus estándares de datos de calidad, incluso mientras el volumen de información sanitaria crece sin freno. El próximo capítulo de la transformación digital, tanto en salud como en cualquier otro sector, no se medirá por cuántos datos se generan, sino por cuántas mejores decisiones permiten tomar, sin importar el sector. Colombia ya tiene buena parte de la infraestructura para lograrlo. Le falta, todavía, la disciplina de usarla de forma sistemática, no solo en época de crisis.