La salud mental, el pasivo oculto que puede comprometer el liderazgo de un CEO
viernes, 4 de septiembre de 2026
Los altos ejecutivos se agotan, aunque el estigma empresarial lo oculte. Ante la presión, expertos plantean la mejor salida: trabajar mejor
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Hablar de salud mental dejó de ser un tabú, o al menos eso creemos, porque el estigma persiste disfrazado: todavía se asocian estos problemas con la debilidad en una sociedad que cada vez avanza más en el tema. Esa idea pesa aún más en el mundo empresarial, donde ejecutivos y CEO viven bajo presión constante por resultados, decisiones y liderazgo, como si el cargo los eximiera de sentir estrés crónico, ansiedad, depresión o burnout. Pero la realidad desmiente esa lógica: los líderes también se agotan, y quizás más de lo que imaginamos.
Las cifras respaldan la alarma. Según la Organización Internacional del Trabajo, OIT, más de 840.000 personas mueren cada año por problemas de salud vinculados a riesgos psicosociales, y lo más preocupante es que nos estamos acostumbrando a ese dato, que sigue creciendo.
Identificar estos problemas no es fácil, sobre todo en cargos donde se exige rendir al máximo, aunque hay señales que no engañan: irritabilidad, agotamiento, desmotivación, dificultad para concentrarse y problemas de sueño. “Una de las más claras es la incapacidad de desconectarse del trabajo, incluso en casa”, explica Juan Guillermo Sandoval, profesor, doctor y director de la Maestría en Gerencia y Desarrollo de Personas de la Universidad de La Sabana, quien advierte que no hace falta esperar un diagnóstico para actuar.
Un estudio realizado por el profesor Sandoval, con 313 profesionales del sector salud en Bogotá, confirma esa relación: a mayor uso intensivo de tecnología, mayor sobrecarga laboral y menor capacidad de desconexión. El problema, aclara el investigador, no está en la tecnología en sí, sino en cómo las organizaciones estructuran el trabajo alrededor de ella.
Y el impacto no se queda en el bienestar individual. Cuando las empresas ignoran estas señales, las consecuencias se trasladan al funcionamiento de toda la organización, advierte Daniel Palacio, profesor de la Facultad de Psicología de la Pontificia Universidad Javeriana.
Y es que la OMS calcula que la depresión y ansiedad cuestan 12.000 millones de días laborales al año. Una persona agotada pierde capacidad para pensar, crear, aprender y relacionarse. Frente a esta problemática surge una pregunta clave: ¿qué hacer? Para Jorge Iván Gómez, PhD y profesor de Inalde Business School, el primer paso es cuestionar una falsa idea de productividad: creer que más trabajo equivale a mejores resultados.
La verdadera productividad se acerca más al principio de “menos es más”: menos dispersión, menos reuniones innecesarias, más foco en lo que realmente importa. El profesor Gómez afirma que el reto de los líderes es lograr mejores resultados usando más inteligente del tiempo, distinguiendo lo esencial de lo accesorio, eso es fundamental. El bienestar, bien gestionado, no compite con la productividad: es una de sus condiciones y a largo plazo da mejores resultados para toda la organización. Cuidar a quienes deciden también es cuidar el rumbo de toda la empresa, que necesitan a sus líderes en óptimas condiciones.
Líderes que entienden el valor de la recuperación
Las empresas deben formar líderes más conscientes, capaces de respetar el tiempo personal, equilibrar las cargas laborales y entender que mantener un alto rendimiento de forma permanente requiere espacios adecuados de descanso y recuperación. Esta necesidad cobra aún mayor importancia en las organizaciones donde el conocimiento es el principal recurso, puesto que el desempeño depende, en buena medida, de la capacidad de las personas para pensar, crear y tomar decisiones. Demasiado control puede limitar la autonomía y afectar la productividad del directivo.