Salud

Padres pueden perder más de ocho días al año por episodios de asma de sus hijos

Sanifi

Aproximadamente uno de cada cuatro pacientes con asma en América Latina ha necesitado hospitalización en el último año y más de la mitad ha recurrido a urgencias

Sara Ibañez Pita

El asma es una de las enfermedades crónicas más comunes en la infancia, pero su costo real pocas veces aparece en las estadísticas de salud. Se esconde en las inasistencias al colegio, en los permisos que piden los padres en el trabajo y en los gastos que no estaban en el presupuesto del mes. Lo más grave es que, cuando no son bien manejados sus síntomas, pueden convertirse en un problema que desborda la consulta médica y golpea de lleno la rutina y las finanzas de las familias.

La evidencia regional muestra que la situación es más crítica de lo que parece. Aproximadamente uno de cada cuatro pacientes con asma en América Latina ha necesitado hospitalización en el último año y más de la mitad ha recurrido a urgencias en más de una ocasión, de acuerdo con datos revisados por Sanofi. Detrás de cada una de esas atenciones hay, casi siempre, días de colegio que no se recuperan, jornadas laborales que se interrumpen y costos que las familias no tenían contemplados.

Los niños son quienes cargan con buena parte de ese peso. Un menor con asma mal controlada puede acumular más de 10 días de ausencia escolar al año, faltando al colegio con una frecuencia hasta tres veces mayor que la de sus compañeros que no padecen esta enfermedad.

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No obstante, estudios han revelado que esa brecha en la asistencia se profundiza cuando confluyen factores como la falta de tratamiento adecuado, la exposición a ambientes húmedos o con moho y las dificultades económicas para sostener un seguimiento médico regular. Es decir, los niños faltan más al colegio cuando sus padres o encargados subestiman el impacto de la enfermedad.

Aun así, quien cuida también paga el precio: se calcula que los padres de niños con asma pueden perder cerca de 8,4 jornadas laborales al año atendiendo episodios de sus hijos, lo cual genera un efecto directo sobre sus ingresos y la estabilidad del hogar. A eso se suma el desgaste acumulado: más de la mitad de los pacientes experimenta episodios nocturnos que interrumpen el sueño, lo que deteriora la concentración y el rendimiento al día siguiente.

En términos laborales, quienes conviven con asma sintomática pueden ver reducidas casi una décima parte de sus horas productivas, y en los casos más severos la pérdida de rendimiento puede superar un tercio de la capacidad laboral habitual.

Según explicó Angélica Castaño, gerente médica de Sanofi, buena parte de ese impacto es evitable. "El asma sigue siendo vista principalmente como una enfermedad respiratoria; pero, en la vida diaria, también es un problema de productividad, educación y economía familiar. Lo importante es entender que este impacto puede prevenirse o reducirse: cuando el asma se diagnostica a tiempo, se hace seguimiento médico y se recibe el tratamiento adecuado, sus efectos en la vida de los niños pueden disminuir de manera significativa".

La experta también advirtió que la falta de control sobre este padecimiento no solo afecta la salud; sino también la educación de los niños, el trabajo de los cuidadores y la economía de los hogares. "Por eso es clave que los pacientes accedan a programas integrales que ayuden a controlar las crisis y les permitan llevar una vida activa y normal", enfatizó.

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