¿Qué dice la siesta sobre su cerebro y cómo puede revelar señales relacionadas con la salud cerebral?
viernes, 23 de octubre de 2026
has una bajada Un estudio en adultos mayores encontró que la frecuencia de las siestas y quedarse dormido involuntariamente durante el día se asocian con una mayor incidencia de demencia
Dormir una siesta después del almuerzo es una costumbre habitual para muchas personas, especialmente a medida que envejecen. Sin embargo, un estudio científico plantea una pregunta sobre la salud cerebral: ¿qué puede indicar la necesidad frecuente de dormir durante el día? La investigación, titulada Napping Characteristics and Incident Dementia: Results From the National Health and Aging Trends Study, analizó la relación entre los hábitos de siesta y la aparición posterior de demencia en adultos mayores de Estados Unidos. Sus resultados sugieren que la frecuencia de estos episodios y la tendencia a quedarse dormido involuntariamente podrían aportar información relevante sobre la salud y el envejecimiento.
El equipo investigador analizó datos de 995 adultos de 65 años o más que no presentaban indicios de demencia posible o probable al comienzo del seguimiento, en 2013. Los participantes fueron observados durante los años siguientes, hasta 2023, mediante información del estudio longitudinal National Health and Aging Trends Study.
Los investigadores compararon tres características de las siestas: su frecuencia, si eran voluntarias o involuntarias y su duración. Los resultados mostraron que las personas que dormían siestas con frecuencia presentaban un riesgo estimado de desarrollar demencia posible o probable 48% mayor que quienes no dormían siestas. También encontraron que quienes se quedaban dormidos involuntariamente durante el día presentaban un riesgo estimado 39% mayor frente al mismo grupo de comparación. En cuanto a la duración, las siestas de 30 minutos o menos también se asociaron con una mayor incidencia de demencia posible o probable.
La investigación no demuestra que las siestas causen demencia ni establece un mecanismo biológico definitivo que explique esta asociación. Los hábitos de sueño diurno podrían estar relacionados con otros procesos que afectan la salud cerebral.
Dormir durante el día no constituye por sí mismo una señal de enfermedad. No obstante, si una persona comienza a necesitar siestas con mucha más frecuencia, se queda dormida involuntariamente o experimenta somnolencia persistente, conviene prestar atención a esos cambios y consultar a un médico.